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Construyendo la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra
Por Karin Anchelía
Para las personas que escuchamos por primera vez “Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra”, lo primero que nos viene a la mente es la pregunta: ¿La Tierra tiene derechos?
El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, responde esta interrogante de manera sencilla en su discurso frente a la Asamblea General de la ONU el 22 de abril del 2009: “Muchas personas, y en particular algunos abogados, con muchas disculpas para ellos, van a decir que sólo los seres humanos tienen derechos. Sé que nuestro planteamiento es difícil de aceptar porque algunos seres humanos se creen el ombligo del mundo y del universo. Quiero decirles algo importante de acuerdo a nuestra vivencia. La vida humana no es posible sin la Madre Tierra”.
Para los pueblos indígenas, la Madre Tierra es la vida misma. Es el embrión que da origen a la existencia del ser humano. Es un todo (aire, agua, tierra), donde los pueblos viven en estrecha relación y armonía con la Pachamama (Madre Tierra). Por tanto, la Madre Tierra tiene derechos, tan igual que sus hijos, los seres humanos.
Hilaria Supa Huamán, Congresista de la República del Perú y vicepresidenta del Parlamento Indígena de América (PIA), afirma que “la Tierra es nuestra madre, tiene vida y espíritu, además nos da vida con un inmenso amor como sólo una madre sabe darlo”.
“Ahora, nuestra Madre Tierra está muy enferma, tiene muchas dolencias, porque sus hijos la han dañado con la contaminación, los químicos que echan a la tierra, la minería y otras formas de violencia que ejercen contra ella. Cada día nuestra Madre está mal y poco a poco va muriendo”, añade.
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"Debemos ‘sentir’ a la Tierra como como una verdadera madre nuestra", dice la congresista Hilaria Supa.
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Esta relación de interdependencia del ser humano y la naturaleza, que para muchos es difícil de entender, es para los pueblos indígenas un concepto muy arraigado a sus costumbres y conocimientos ancestrales, es parte de su cosmovisión, su filosofía de vida, sus paradigmas y, ahora, también es parte de sus propuestas políticas.
“Yo estoy convencido de que la Madre Tierra tiene más importancia que cualquier ser humano, por tanto, los derechos de la Madre Tierra tienen mucha más importancia que cualquier ser humano. Imagínense delegados de los países aquí en Naciones Unidas: el planeta Tierra no tendría problemas si no existiera el ser humano, pero el ser humano sin planeta Tierra no es ser humano (…). Para vivir en armonía con la naturaleza debemos reconocer que no sólo los seres humanos tenemos derechos, debemos reconocer también que el planeta, los animales, las plantas y todos los seres vivos tienen derechos que debemos respetar (…). Lo que nos está pasando ahora con el cambio climático es precisamente por no respetar los Derechos de la Madre Tierra”, sostuvo el presidente Morales en su discurso en la ONU.
La Madre Tierra es un ser vivo, una fuerza, un espíritu, presente en todo momento y todo lugar, por tanto es indivisible. No se pueden hacer leyes para atender el problema de la Madre Tierra, dividiéndola y descuartizándola en pedazos. El agua, el aire y la tierra, todo es uno solo, y lo que daña a uno afecta a todos por igual.
“Los pueblos originarios no aceptamos la forma en que los gobiernos vienen legislando sobre los bienes naturales y nuestra Madre Tierra. Lo que están provocando es que una ley esté sobre otra, y luego otra sobre otra, quitándonos nuestros derechos sobre el territorio, sin llegar a soluciones definitivas que eviten los conflictos sociales”, refiere la congresista Supa.
“Los químicos y agroquímicos son venenos que matan lentamente la vida de nuestra Madre; con la extracción minera y petrolera se está escarbando las entrañas de nuestra Madre, eso es muy malo por que es como si estuvieran escarbando el vientre de una mujer para que ya no tenga más hijos. Poco a poco estamos matando a nuestra Madre Tierra y matando la vida de nuestros hijos y de las futuras generaciones”, agrega Supa.
Esta nueva mirada, de entender los derechos de la Tierra, de una forma más integral e indivisible, considerando que nuestro planeta tiene vida y es nuestra madre, han sentado los cimientos de una iniciativa de derecho internacional, para promover la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra.
Actualmente, existen algunos documentos en debate sobre la propuesta de la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, tenemos por ejemplo, la propuesta del teólogo y ambientalista brasileño Leonardo Boff llamada: Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad, que algunos países ya están suscribiendo, también existe la propuesta de Cormac Cullinan, abogado sudafricano impulsor de los Derechos de la Madre Tierra.
Sin embargo, todas ellas nacen de cuatro principios centrales que fueron planteados por el presidente Morales en la Asamblea General de la ONU en abril del 2009.
Primero: El Derecho a la Vida; es el derecho a que ningún ecosistema, ninguna especie animal o vegetal, ningún nevado, río o lago, sea eliminado o exterminado por una actitud irresponsable de los seres humanos. Tenemos que reconocer que también la Madre Tierra y otros seres vivientes tienen derecho a existir, y que nuestro derecho termina allí donde empezamos a provocar la extinción de la naturaleza.
Segundo: El Derecho a la regeneración de su biocapacidad; la Madre Tierra tiene que poder regenerar su biodiversidad; la actividad humana sobre el planeta Tierra y sus recursos no puede ser ilimitada, el desarrollo no puede ser infinito, hay un límite y ese límite es la capacidad de regeneración de las especies animales, vegetales y forestales, de las fuentes de agua, de la propia atmósfera.
Tercero: El derecho a una vida limpia, es el derecho de la Madre Tierra a vivir sin contaminación, porque no sólo los humanos tenemos derecho a “vivir bien”, sino que también los ríos, los peces, los animales, los árboles y la tierra misma tiene derecho a vivir en un ambiente sano, libre de envenenamiento y de intoxicación.
Cuarto: El derecho a la armonía y al equilibrio con todos y entre todos y de todo; debemos reconocer que la Madre Tierra es parte de un sistema en el cual todo y todos somos interdependientes, es el derecho a convivir en equilibrio con los seres humanos. En el planeta hay millones de especies vivas, pero sólo los seres humanos tenemos la conciencia y la capacidad de controlar nuestra propia evolución para promover la armonía con la naturaleza.
En el Estado Peruano no existe discusión respecto a la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, por el contrario, el gobierno trata de desconocer y limitar los derechos de los pueblos y comunidades campesinas e indígenas, negándose a aprobar leyes que facilitarían el diálogo intercultural y promoviendo iniciativas legislativas que abren las puertas de la inversión la inversión privada en territorio de comunidades campesinas e indígenas.
La congresista Supa plantea que: “Para salvar a nuestra Madre debemos tomar conciencia y empezar a ‘sentir’ a la Tierra como una verdadera madre nuestra, no verla como un objeto. Debemos respetarla, tenemos que quererla, protegerla, y no permitir que sigan escarbando en ella, no podemos permitir que haya más violencia contra nuestra madre porque somos parte de ella, hemos nacido de ella, y vamos a retornar donde ella. Debemos de tomar en cuenta que ella existe, que ella nos da muchos mensajes y que debemos palparla y entenderla. El Calentamiento Global, es una señal de que ella nos está pidiendo ayuda, quiere que cambiemos y que seamos mejores hijos, así conservaremos a nuestra madre buena y sana”.
Por su parte, el presidente Morales enfatiza que: “Estamos convencidos ahora, con esta Declaración del Día Internacional de la Madre Tierra, que también el planeta Tierra, la Madre Tierra, también tiene sus derechos. Por eso este nuevo siglo, el siglo XXI, debe ser el siglo de los Derechos de la Madre Tierra”.
Ahora, queda como desafío consensuar y aprobar una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra que permita un cambio de pensamiento y de paradigmas de la humanidad en este siglo XXI.
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