Sᢡdo, 19 de Octubre, 2019
Sección de suscriptores(as) Identificación Contraseña
BRASIL
40 años de compromiso con causa indígena
Paolo Moiola
11/10/2012
Envíe un comentario Imprima el texto de esta página

Por cuatro décadas, el CIMI, organismo católico brasileño, alienta proceso de autonomía y defensa de derechos de pueblos indígenas.

Existen tratados, constituciones, normas para defenderlos, pero la realidad desmiente la teoría. Para los pueblos indígenas, en Brasil como en otros lugares, la tierra sigue siendo un presagio de tristeza, pérdida y humillación.
El Consejo Indigenista Misionero (CIMI), institución católica vinculada a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), lucha desde hace 40 años en defensa de los pueblos indígenas. La organización tiene como objetivo último garantizar la existencia, cultura y tradiciones de los indígenas, y, al mismo tiempo, ayudar a la sociedad y las organizaciones no indígenas a conocer a estos pueblos y respetarlos.

En Rio Branco, capital del noroccidental estado de Acre, los responsables locales, Rosenilda (Rose) Nunes y Lindomar Dias Padilha, una pareja que es testimonio viviente de la fuerza moral de esta organización que nunca ha tenido miedo de estar del lado de los más débiles.


Los jaminawa, un pueblo a la deriva
El local del CIMI está lleno de gente. Los encargados, Nunes y Dias Padilha, explican que los huéspedes son jaminawa, grupo étnico de unas 2,000 personas.

Una de las mujeres ha venido a tener noticias de su marido que está en la cárcel. Un hombre está aquí para obtener la ayuda del gobierno conocida como Bolsa Familia. Para recibir entre 80 y 120 reales al mes (US$ 40 y $60) —la cantidad depende del número de hijos—, los indígenas deben hacer varios días de viaje gastando en gasolina y comida casi todo lo que reciben.

“Entre otras cosas”, explica Nunes, “como es su costumbre, cuando hay que ir a la ciudad, no viene una sola persona sino toda la familia”.

Los jaminawa son los más marginados entre los indígenas, viven en las orillas de los ríos y en los suburbios de las ciudades en condiciones inhumanas.

“No tienen una tierra donde estar”, explica Nunes. “Si tuvieran su tierra demarcada, vivirían muy bien, porque son trabajadores. Cultivan yuca, arroz, mijo. En ausencia de demarcación, se abren las puertas a conflictos con los no indígenas. Y además son mal vistos por el gobierno del estado, porque vagan por las calles de Rio Branco y Sena Madureira pidiendo limosna o hurgando en la basura. Las repetidas humillaciones los hacen tener poca autoestima”.

Los jaminawa son uno de los 17 pueblos indígenas (más seis no contactados) que habitan en el estado de Acre. Se estima un total de 20,000 personas distribuidas en 305 comunidades. Dias Padilha es muy crítico con el gobierno del estado —en manos del gubernamental Partido de los Trabajadores desde 1999— señalando que su política ha sido desarticular las luchas indígenas mediante la creación de órganos estatales en que algunos líderes indígenas han recibido salarios y diversos beneficios para frenar las protestas de sus pueblos.


Del odio al asesinato
En este marco muy complejo debe operar el CIMI.

“Mirando más allá de las contingencias del tiempo, los problemas son básicamente tres”, explica Dias Padilha, “El primero, y principal, es el no reconocimiento de los territorios indígenas. El segundo es la falta de respeto que conduce a la marginación de los indígenas en la sociedad brasileña. Por último, está la criminalización, consecuencia de las luchas por la tierra y otras cuestiones. Por ello hay muchos indígenas en prisión. De aquí, igualmente grave, nace la criminalización de los movimientos que apoyan la causa”.

En cuanto al conjunto del país, explica Dias Padilha, “hay al menos dos Brasil. El Brasil del sur, principalmente Mato Grosso do Sul, donde [los hacendados] sienten un odio profundo por los pueblos indígenas. Lo comprueba el número de indígenas asesinados. No pasa semana sin que haya uno o dos indígenas abatidos. Especialmente indígenas guaraní kaiowá”.

Según el CIMI,  Mato Grosso do Sul, con 279 indígenas muertos desde el 2003 en conflictos con hacendados,  es el estado donde mayor número de indígenas han sido asesinados en todo Brasil. En el 2011 fueron asesinados 51 indígenas en todo Brasil, 32 de ellos en Mato Grosso do Sul. Las tierras indígenas en ese estado son sumamente codiciadas para desarrollar la ganadería y sembrar soja y caña de azúcar para etanol.

“En el resto de Brasil, hay muchos prejuicios”, agrega Dias Padilha. Como siempre sucede, los prejuicios se derivan de la ignorancia, de la falta de conocimiento. “Así la gente se llena la cabeza de ideas falsas y de racismo. Por eso una de nuestras tareas es dar información correcta sobre los pueblos indígenas: quiénes son, qué hacen, cómo viven. Lo hacemos testimoniando en persona, pero también con nuestros medios de comunicación: el sitio de internet y Porantim, la única revista brasileña que se ocupa exclusivamente de cuestiones indígenas”.

Más delicada aún es la situación de los pueblos no contactados. Sobre el tema, Dias Padilha es claro: “Esta condición es sin duda preferible porque el contacto con los blancos interferiría de manera brutal. Los pueblos no contactados viven todavía como desean, según sus tradiciones. En el CIMI somos contrarios a contactarlos, excepto en el caso de amenazas extremas como invasiones de empresas petroleras o madereras”.

La política también tiene mucha culpa. “Mi mayor decepción”, dice Dias Padilha, “ha sido esperar en vano un gobierno que respete a los pueblos indígenas y sus derechos. [El ex presidente Luiz Inácio] Lula [da Silva], en particular pasó, de ser un gran sostenedor a un gran perseguidor de la causa indígena. Fue una gran decepción ver un gobierno supuestamente de izquierda abandonar los movimientos sociales para pasarse a una política de bajo nivel, basada en compensaciones ambientales y humanas. Por ejemplo, la construcción de la hidroeléctrica de Belo Monte, contra la cual luchamos durante años, es una afrenta a la dignidad humana y a la vida”.
—Noticias Aliadas.


Compartir

Rose Nunes y Lindomar Dias Padilha, más de 20 años de trabajo en el CIMI defendiendo los derechos indígenas. (Foto: Paolo Moiola)
Noticias Relacionadas
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
Información y análisis independientes de libre reproducción mencionando la fuente.
Contáctenos a: (511) 7213345
Dirección: Jr. Daniel Alcides Carrión 866, 2do. piso, Magdalena del Mar, Lima 17, Perú
Correo: webcoal@comunicacionesaliadas.org