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BRASIL
Elecciones confirman nuevo panorama político
José Pedro Martins
18/10/2016
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El elevado índice de abstenciones y de votos nulos y blancos fue demostración de repudio de votantes al actual sistema político partidario.

Fue una catástrofe para la izquierda brasileña, y especialmente para el Partido de los Trabajadores (PT). Este fue el sentimiento generalizado entre analistas y sectores progresistas tras las elecciones municipales del 2 de octubre, las primeras después del proceso que llevó a la presidenta Dilma Rousseff a la destitución y a Michel Temer a la presidencia de la República.

La destitución de Rousseff fue confirmada el 31 de agosto pasado por el Senado Federal, por 61 votos contra 20. En las manifestaciones callejeras, de miles de personas, y en el pronunciamiento de líderes del PT y otros partidos de izquierda, la destitución fue calificada de “golpe de Estado”.

Para el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el partido de Temer, y otros partidos que apoyaron la destitución, el proceso siguió el marco constitucional. La oposición y gran parte de la sociedad civil también se quejaron sobre el papel de los principales medios de comunicación en el proceso, por una posición marcadamente anti-PT.

El itinerario de la destitución se trazó en medio de muchas noticias divulgadas por la prensa sobre la Operación Lava Jato, que investiga casos de corrupción presuntamente cometidos por personajes de los gobiernos del PT o vinculados a ellos, en los mandatos presidenciales de Luiz Inácio Lula da Silva (2002-2010) y de Rousseff (2011-2016). El PT y sectores de la opinión pública se quejaron de que la Operación Lava Jato estaba siendo “selectiva”, sin demostrar el mismo rigor con políticos del PMDB, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y otros partidos aliados de Temer, quien fue el vicepresidente de Rousseff en su primer y segundo mandatos. El PMDB, el PSDB y otros partidos aliados del nuevo presidente van desde la centroderecha hasta la extrema derecha en el espectro político.

Pero el hecho es que la avalancha de denuncias, que llevó a la destitución de Rousseff, también repercutió mucho en las elecciones municipales del 2 de octubre, que diseñaron un nuevo panorama político en Brasil. El mayor perdedor, de hecho, fue el PT de Lula y Rousseff.

En el 2012, el PT ganó 638 alcaldías, entre ellas cuatro capitales de estados: São Paulo, Rio Branco, Goiânia y João Pessoa. En el 2016, el PT ganó sólo 256 alcaldías en la primera vuelta, que pueden llegar a 263 si gana la segunda vuelta a fines de octubre. La caída fue del 60% en el número de alcaldías conseguidas en cuatro años.

El PMDB de Temer, que ganó 1,021 alcaldías en primera vuelta en el 2012, subió a 1,029 en el 2016. El PSDB fue el partido que más creció, al pasar de 686 alcaldías en el 2012 en primera vuelta a 793 en el 2016.

Avances para mujeres, indígenas y LGBT
La mayor derrota del PT fue sin duda la de São Paulo, la ciudad más grande de Brasil, con más de 10 millones de habitantes y cuya situación política siempre repercute en el panorama político brasileño en su conjunto. El actual alcalde, Fernando Haddad, del PT, que ha implementado muchos cambios importantes en la megaciudad, como la ampliación de ciclovías y mejoras en el transporte público, recibió sólo el 16.7% de los votos válidos.

El ganador en São Paulo fue el empresario João Dória Jr., del PSDB. En su primera participación en una elección como candidato, el hombre de negocios, uno de los 26 millonarios elegidos en todo el país, recibió más de 3 millones de votos. Pero más votos que Dória sumó el total de votos en blanco, nulos y abstenciones: 3’096,304, o casi el 40% de los 8 millones de votantes en la capital del estado más rico y populoso de Brasil.

El elevado índice de abstenciones y de votos nulos y blancos llamó la atención en todo el país. Los analistas consideran que fue más una demostración de repudio de los votantes brasileños al actual sistema político partidario, dominado durante décadas por grupos cerrados y mayoritariamente masculinos. “Estamos viviendo una grave crisis de las instituciones”, alerta a Noticias Aliadas el filósofo Roberto Romano, profesor de ética en la Universidad Estadual de Campinas. “No hay una renovación en los partidos, dominados por lo general por la gerontocracia, en que las mujeres y los jóvenes no tienen voz”.

En las elecciones de este año, 638 mujeres fueron elegidas como alcaldesas, frente a 664 en el 2012, lo cual representa 4% menos. Brasil tiene 5,568 municipalidades, y casi 500,000 personas postularon en las elecciones municipales para alcaldes y concejales.

Se registraron pequeños avances puntuales en estas elecciones. Fueron elegidos, por ejemplo, un alcalde y 11 concejales abiertamente LGBT en todo Brasil, según la Asociación Brasileña de Gays, Lesbianas y Transgéneros (ABGLT). También de acuerdo con la ABGLT, en 1996 sólo hubo 10 candidatos declaradamente LGBT, y en el 2016 hubo 279 candidaturas, lo que representa un aumento de 2,790% en dos décadas.

El Partido Socialismo y Libertad (PSOL) fue el que presentó el mayor número de candidaturas LGBT en las últimas elecciones municipales. El primer alcalde abiertamente LGBT en Brasil fue elegido en la municipalidad de Itapecerica, en Minas Gerais. Es el administrador Wirley Reis, conocido como Têko. En total, 377 candidatos en todo Brasil defendieron banderas LGBT en sus campañas y 28 fueron elegidos, dos alcaldes y 26 concejales. Maria Lucia Marques, elegida alcaldesa en Embu-Guaçu, en São Paulo, es considerada aliada de la causa LGBT.

Del mismo modo, fueron elegidos al menos 75 indígenas en las elecciones municipales, entre alcaldes y concejales. El número, aún no definitivo, es ligeramente inferior a los 89 concejales elegidos en el 2012. Fueron elegidos 11 concejales indígenas por el PT, nueve por el PSDB, siete por el Partido Verde y seis por el PMDB y el PSOL, entre los 20 partidos con líderes indígenas elegidos como concejales en sus municipalidades en todo Brasil.

Interrogantes sobre el futuro
Una autocrítica de la izquierda, y especialmente del PT, es necesaria tras las elecciones, evalúan numerosos analistas. “El PT tiene que hacer una autocrítica”, reconoció en declaraciones a la prensa Edinho Silva, elegido alcalde por el PT en la ciudad de Araraquara, en São Paulo. Silva fue ministro jefe de la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia de la República durante el gobierno de Rousseff.

“Cambiamos un proyecto de Brasil por un proyecto de poder. Ganar elecciones se volvió más importante que promover cambios a través de la movilización de los movimientos sociales. Engañados, acatamos una concepción burguesa del Estado, como si este no pudiera ser una herramienta en manos de las fuerzas populares y tuviera que ser siempre amparado por la élite”, escribió Frei Betto, sacerdote dominico históricamente identificado con el PT y la Teología de la Liberación. “Llegó pues la factura de los errores cometidos. Y en las calles del país la reacción al golpe no tuvo fuerza para evitarlo. Pero dejemos el pesimismo para días mejores. Es la hora de hacer autocrítica en la práctica y de organizar la esperanza”.

La expectativa, después de las elecciones, está en relación con la forma en que la izquierda en general, y el PT en particular, se rearticularán con miras, por ejemplo, a las elecciones presidenciales del 2018. El nombre de Lula sigue siendo fuerte en las encuestas, pero la gran derrota del PT en las pasadas elecciones pone un signo de interrogación sobre el futuro del partido y también del expresidente.

Otra pregunta tiene que ver con el futuro de la economía brasileña y los derechos de los trabajadores, y con el impacto de las recientes elecciones en el bloque de poder que da sustento al presidente Temer, que pasó momentos embarazosos en la última Asamblea General de las Naciones Unidas en setiembre. Los diplomáticos de Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y Venezuela abandonaron el recinto cuando Temer iba a pronunciar su discurso, en una clara protesta contra lo que consideraban la ilegitimidad del presidente que llegó al poder tras la destitución de Rousseff. Las elecciones del 2 de octubre cambiaron el panorama político de Brasil, pero todavía no han definido cómo será el futuro del país. —Noticias Aliadas.


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Para el PT, la resistencia contra el golpe pasa por la defensa intransigente de los derechos y conquistas sociales amenazadas por “el gobierno usurpador de Temer”. /www.pt.org.br
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