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MÉXICO
Lo afro no existe para los partidos políticos
Alberto Buitre
05/09/2016
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Ningún afrodescendiente ocupa cargos públicos por elección ni lo afro tiene cabida en las agendas públicas.

Las poblaciones afrodescendientes no tienen representación política dentro de los partidos políticos mexicanos. Ninguno de ellos, ni aun los que se autodenominan de izquierda, ofrecen posiciones, carteras ni han creado instancias especializadas para atender a este sector que en México ocupa el 1.2% de la población nacional, 381,853 personas en total, según cifras del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI).

Con regularidad ocurre que las poblaciones afrodescendientes en México son atendidas por los partidos políticos a través de sus secretarías de asuntos indígenas, sostiene Tania Meza Escorza, doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y presidenta de TIC Ciudadana AC, asociación civil dedicada a la promoción de los derechos humanos, feminismo, comunicación y cultura.

Así es que, revisando la documentación, estructura o estatutos de los partidos políticos con registro en México, no se encuentran mecanismos oficiales de atención específica a las poblaciones afrodescendientes. De hecho, no tienen registrado oficialmente a ningún representante popularmente electo, ya sea en el Senado, el Legislativo, o bien en algún Congreso estatal, gubernatura o alcaldía.

“Esto no significa que no tengan algún diputado o diputada de ascendencia africana; debe haber. Pero es una población que está tan minimizada en México, que seguramente los partidos no han reparado que, entre sus filas, hay una persona afrodescendiente”, señala Meza Escorza a Noticias Aliadas.

“Sobre todo, si hiciéramos una revisión de las personas que presiden alguna alcaldía de algún municipio de los Estados de Oaxaca, Guerrero, Veracruz o Quintana Roo, podríamos encontrar a un o una afrodescendiente”, agrega. “Pero pasa lo mismo: Los partidos políticos mismos se han encargado de hacerlos invisibles, diluyéndolos entre las carteras de asuntos indígenas, o movimientos territoriales o en la generalidad de sociedad civil organizada”.

Invisibilización de lo afro
Para Aldo Villegas “Bocafloja”, uno de los más exitosos hip-hoperos mexicanos en la actualidad, este tema le cobró tal relevancia que se lanzó a realizar un documental acerca del silenciamiento de “lo afro”, no solamente en México, sino en Latinoamérica en general.

Bocafloja sostiene que su trabajo fílmico “Nana Dijo. Radiografía irresoluta de la conciencia negra” —documental sobre las poblaciones afro en América Latina que se estrenó en el año 2015— parte de advertir que lo afro no tiene cabida en las agendas públicas en México.

“Temas como la afrodescendencia, la negritud, la colonialidad, en el contexto de México y Latinoamérica siguen siendo discusiones que no tienen cabida casi en ninguna agenda, lo cual es literalmente escandaloso”, señala.

La afirmación de “Bocafloja” encuentra sustento en cifras de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) del 2010, las cuales revelan que el 23.3% de la población en México “no estaría dispuesta a compartir casa con personas de otra raza”.

Igualmente, 54.8% de la población mexicana afirmó para esta encuesta que a la gente se le insulta por su color de piel. Además, 4 de cada 10 personas opinan que “a la gente se le trata de forma distinta según su tono de piel”.

Y es que el racismo opera abiertamente en México, acusa “Bocafloja”.

“México es una de las representaciones más claras respecto a los modelos de colonialismo interno en la región, bajo el cual los mitos del mestizaje y de la inclusión sirvieron como el marco perfecto para perpetuar la subyugación y periferización del cuerpo del oprimido. El nacionalismo mexicano está cargado de uno de los paquetes ideológicos más racistas que se pueden imaginar. Por ende, en términos prácticos, el racismo opera en un terreno abierto, prácticamente sin bordes que le resistan, a diferencia de Estados Unidos, en donde las conquistas políticas del movimiento negro, nativo americano o chicano, por ejemplo, han de algún modo forzado al sistema a otorgar ciertas concesiones”, asegura.

Racismo en la vida pública
Así es como, a pesar que el INEGI se creó en 1983, recién en el 2015 incluyó en sus encuestas sobre población una pregunta sobre afrodescendencia. Por primera vez la población afromexicana fue contabilizada y nació para las estadísticas oficiales.

¿Esto permea en su escasa, por no decir nula, representación política? Para Meza Escorza, sí.

“Cómo en fechas recientes los partidos políticos se han visto obligados por las circunstancias a fundar carteras específicas sobre diversidad sexual, de la misma manera como a partir de la década de 1990 masificaron sus secretarías de mujeres, hasta que apenas en este año 2016 fueron obligados a la paridad de género que, por ley, les hizo dar el 50% de sus candidaturas a las mujeres —algunos partidos dirán que desde principios de siglo han incluido a las mujeres, pero siempre era bajo una visión machista, asistencialista—, lo mismo va a ocurrir con las y los afrodescendientes. Recientemente y luego de siglos de no ser tomados en cuenta, fueron incluidos en los números del gobierno. Cuando los partidos políticos se den cuenta que representan votos, o sea, que les conviene electoralmente hacer caso de sus demandas, comenzarán a crear carteras para su atención, como ahora lo hacen con la diversidad sexual o las mujeres”, explica a Noticias Aliadas.

No obstante, parece que las organizaciones afrodescendientes en México, como en el resto de Latinoamérica, enfrentan problemas organizativos para hacer valer sus demandas.

Consultada al respecto, la activista afro Claudia Quintero precisa que las organizaciones afrodescencientes en México y Latinoamérica se enfrentan a un problema estructural, que no solamente obedece a la falta de espacios en los partidos políticos. Es, desde su punto de vista, una expansión del racismo hacia la vida pública.

Así es como, a pesar de que las causas de las poblaciones afros son justas, las “élites blancas” continúan copando los espacios y oprimiendo bajo su lógica los espacios de participación.

“El problema es estructural y no las justas quejas que como afros tenemos a cada situación de exclusión. El problema es la poca o nula participación de nuestra comunidad y la poca legitimidad que tiene el proceso de participación afro. El problema es la elite blanca que tiene al pueblo sumido en pobreza y ayudas humanitarias que salvan el día o la compra del voto que te permite ponerles zapatos a los niños, cada vez que hay elecciones”, señala a Noticias Aliadas.

La ironía —acota Meza Escorza—, es que México ya tuvo un presidente de ascendencia africana. Se trató del general Vicente Guerrero, nacido en Tixtla, en el estado que actualmente ocupa su nombre, Guerrero, donde tiene lugar una de las cunas de la afrodescendencia mexicana.  Gobernó en 1829, nueve años después del triunfo de la guerra de la Independencia. Pero, la historia, que nunca se contó a las poblaciones afros, se ha encargado de “blanquearlo”.  —Noticias Aliadas.


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Afrodescendientes reclaman espacios de participación en los partidos políticos. / Alberto Buitre
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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