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AMÉRICA LATINA
Comercio, economía y políticas en la región: Nos unimos o morimos
Hugo Cabieses Cubas*
23/04/2015
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La Carta de los Movimientos Sociales de las Américas aprobada en Belem do Pará en el IX Foro Social Mundial (enero 2009) dice lo siguiente: “Es necesario construir colectivamente un proyecto popular de integración latinoamericana, que replantee el concepto de ‘desarrollo’, sobre la base de la defensa de los bienes comunes de la naturaleza y de la vida, que avance hacia la creación de un modelo civilizatorio alternativo al proyecto depredador del capitalismo, que asegure la soberanía latinoamericana frente a las políticas de saqueo del imperialismo y de las trasnacionales, y que asuma el conjunto de las dimensiones emancipatorias, enfrentando las múltiples opresiones generadas por la explotación capitalista, la dominación colonial, y el patriarcado, que refuerza la opresión sobre las mujeres”.
 
Seis años después, vale la pena hacerse algunas preguntas: ¿Qué procesos integracionistas han surgido o se han consolidado? ¿Qué otros han surgido en oposición a estos intentos? ¿Cuál es la agenda  anti y post-neoliberal de las organizaciones, partidos y movimientos que buscan un proceso integracionista progresista?

Procesos integracionistas
En el Siglo XX destacaron los esfuerzos integradores de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) y la fundación de organizaciones intergubernamentales, como la Comunidad Andina  (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur). No obstante, estos esfuerzos se limitaron a algunos aspectos comerciales y económicos, sin que se pudiera plasmar una real integración latinoamericana y caribeña. Desde el poder y control del gobierno de Estados Unidos se contrapuso a estos esfuerzos tanto la Organización de Estados Americanos (OEA), con sus organismos generados, incluyendo el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la Alianza para el Progreso (APP), como más recientemente el  Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que vio frustrada su creación en la IV Cumbre de las Américas de Buenos Aires en el 2005.

En el Siglo XXI se creó por iniciativa del Presidente de Venezuela Hugo Chávez, la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que fomenta proyectos de unidad Latinoamericana y Caribeña con acuerdos energéticos, económicos, políticos, culturales y sociales. Otros líderes que han destacado en estos esfuerzos integracionistas son los de los otros nueve países con gobiernos de izquierda y progresistas del continente: Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Argentina, Evo Morales de Bolivia, Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Roussef de Brasil, Michelle Bachelet de Chile, Fidel y Raúl Castro de Cuba, Daniel Ortega de Nicaragua, Salvador Sánchez Cerén de El Salvador, Rafael Correa de Ecuador,  y José Mujica y Tabaré Vázquez de Uruguay. Estos esfuerzos desembocaron en la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Por su lado y buscando contra-restar al ALBA y UNASUR, el gobierno de Estados Unidos impulsó y creó en abril del 2011 la Alianza del Pacífico (AP) con la anuencia de los gobiernos de Chile, Colombia, México y Perú —todos ellos con tratados de libre comercio (TLC) firmados con Estados Unidos y otros países— , y en el 2012 tres de esos cuatro países latinoamericanos —México, Perú y Chile—se sumaron a Estados Unidos, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá para conformar el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés).

Debates en curso e integración solidaria
El integracionismo de la CAN y del Mercosur tiene varios países con TLC
y en conjunto uno que data del 2004, lo que plantea una discusión clave sobre si ello afecta la integración de América del Sur. Por su lado, Venezuela abandonó la CAN en el 2006, lo que lleva a preguntarnos si más países seguirán este camino —el Perú ha manifestado su deseo de hacerlo varias veces— y no se sabe bien aún que política tiene Mercosur frente a la CAN.

Otra pregunta clave guarda relación con que si sería indispensable una política macroeconómica común para la integración de América del Sur, a la que es indudable que la AP se opone, dado el rol que el TPP juega para América del Sur. Cabe preguntarse si,  en este contexto, la priorización de TLC entre países del Asia, Estados Unidos, Canadá y la Alianza del Pacífico juega contra la integración sudamericana o todavía se puede lograr una convergencia entre los dos bloques, asunto en el que están interesados varios países, incluyendo algunos “progresistas” cuyas cancillerías han diseñado estrategias de estar “adentro y afuera”. Son los casos de Chile, Uruguay e incluso Ecuador.

Los TLC siguen modelos de acuerdos económicos creados por los gobiernos de Estados Unidos y las potencias “desarrolladas” para atender los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que involucran temas como propiedad intelectual, inversiones, compras gubernamentales y otros, que limitan la autonomía de la política económica de los países en desarrollo de nuestro continente y de otros.

Pero más allá de ello, en realidad con la AP y el TPP se trata de una creación ideológica neoliberal de Estados Unidos, Europa y Asia para dividir la integración económica, comercial, política, geopolítica y cultural de los pueblos latinoamericanos y caribeños expresada en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), UNASUR, CELAC, etc.

En este contexto es vital analizar la alternativa de integración con lógicas distintas a las planteadas desde los TLC con Estados Unidos y los acuerdos de asociación europeos. Este es el caso del ALBA un tratado con enfoque solidario y de complementariedad que rebasa los entendimientos comerciales que como pretenden las potencias capitalistas agregan acuerdos sobre patentes, protección de inversiones o compras del Estado.

Esta propuesta en curso, apunta a la integración cultural de servicios fundamentales como educación y salud, a la integración política, a la forja del Banco del Sur como banco de desarrollo y a crear mecanismos de defensa como la conformación de un bloque defensivo entre las fuerzas armadas de Brasil, Venezuela y Argentina como punto de partida autónoma al TIAR.

Asimismo, este esquema impulsa vías que plantean atender necesidades energéticas y de financiamiento del desarrollo con nuestros propios recursos, que desarrollan experiencias de educación superior, medicina y alfabetización, como son los programas “Yo sí puedo” y “Operación milagro” en salud, que son novedosos, concretos y prácticos.

Como señala el economista peruano Óscar Ugarteche, el proceso integracionista de Nuestra América pendula entre el panamericanismo impulsado desde el norte y el regionalismo propuesto desde el sur del continente.

Las versiones más modernas de inicios del siglo XXI siguen con estas dos matrices: la Alianza del Pacífico es panamericanista; la Comunidad Andina, el Mercosur y el ALBA son regionalistas. Lo que define la integración como panamericanista es la preferencia con Estados Unidos (TLC en el siglo XXI) y lo que la define como regionalista es la indiferencia frente a cualquier polo económico en particular utilizando la agregación de mercados vecinos”, afirma Ugarteche1.

“Otro aspecto teórico a tomar en cuenta es si la integración es liberal o es mercantilista. Las propuestas de unión aduanera son leídas como mercantilistas mientras que los tratados de libre comercio como liberales. De este modo hay: 1) panamericanismo mercantilista, 2) panamericanismo liberal y 3) regionalismo mercantilista”, continúa Ugarteche, quien  se pregunta finalmente: “¿Cómo es posible que en América Latina la integración económica durante 180 años siempre termine trunca?”

De lo escrito hasta aquí, se deriva que las izquierdas y las fuerzas progresistas encaren la integración de manera integral con una perspectiva comercial, política, social y cultural así como los temas de defensa, enfatizando cuatro grandes ejes: 1) el combate a la pobreza y desigualdad, 2) la ampliación y el fortalecimiento de la propiedad pública y social en áreas estratégicas, 3) el planeamiento democrático del desarrollo y del uso y manejo de los recursos naturales con respeto al medio ambiente, y finalmente 4) la construcción de una efectiva democracia popular y participativa con control ciudadano y social sobre el Estado y la economía.

Perspectivas
Existe, por tanto, una necesidad de volver a estrategias más activas del sector productivo.
Es cierto que estas políticas implican riesgos de fracaso y búsqueda de rentas, pero estos problemas no se limitan a este enfoque. El desarrollo de estas nuevas actividades es un proceso de aprendizaje en el que, en cierto sentido los “ganadores” son “creados”, en lugar de ser elegidos exante.

Las nuevas actividades a promover dependen de las capacidades domésticas, deben realizarse en estrecha colaboración con el sector privado y deben tener como criterio central la modernización tecnológica. Y deben ir acompañadas de tipos de cambio competitivos. Este es el componente que ha estado ausente en el único país que ha vuelto recientemente a estrategias activas del sector productivo: Brasil.

No hace falta decir que la necesidad de una clara definición acerca de la modernización tecnológica es fundamental, dadas las perspectivas de escaso dinamismo del comercio mundial y la clara evidencia que América Latina ha dejado de ser una región de abundante mano de obra poco calificada.

En conclusión, América Latina continúa, en promedio, tan expuesta al “riesgo de materias primas” o al “Consenso de los Commodities” como hace cuatro décadas, lo cual la hace muy vulnerable a una fuerte caída de los precios de estas. Al mismo tiempo, la mayor diversificación (dado que las exportaciones de otros productos han crecido aún más) significa que posiblemente muchos de estos países tienen mayor flexibilidad para amortiguar shocks de esta naturaleza.

Sin embargo, como sostiene Jose Antonio Ocampo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ese no es el caso de los exportadores netos de energía y metales, que hoy son particularmente vulnerables a una desaceleración económica mundial, en vista tanto de su mayor dependencia de materias primas como de la mayor concentración de sus exportaciones en tales bienes, sobre todo teniendo en cuenta que esta mayor concentración está centrada justamente en aquellos productos cuyos precios son más sensibles al ciclo económico mundial.

El ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sacudido las políticas y las creencias. Si bien sus bajos costos laborales y alta competitividad plantean riesgos a las exportaciones regionales de productos manufacturados, su apetito por materias primas y alimentos ha favorecido la dotación de materias primas de América Latina y el Caribe. El comercio con China, sin embargo, se ha concentrado en una pequeña cesta de “commodities”: cobre, petróleo, hierro, soya y madera. El nuevo motor de crecimiento puede profundizar nuestra especialización histórica en materias primas, caracterizadas por una fuerte volatilidad de precios.

Debemos hacer un gran esfuerzo para que no se profundice esta especialización, así como la excesiva dependencia en un solo motor de crecimiento. Si esto no se hace, se intensificará la dependencia en unos pocos productos básicos, los países seguirán sobreexpuestos a crisis comerciales y no serán domadas las fuerzas generadoras de desigualdad provenientes de las asimetrías internacionales.

*Economista peruano. Coordinador del Área de Desarrollo Sostenible, Cambio Climático y Derechos Indígenas del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos (CIDDH). Ex Viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente. Actual asesor de la Presidencia del Gobierno Regional de Cajamarca.
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1 Ugarteche, Oscar, “La integración y la arquitectura financiera en el tiempo” en: América Latina: Cuestiones de fondo, ALAI Nro. 500, Quito, Diciembre 2014 en:
http://alainet.org/publica/alai500w.pdf


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