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BRASIL
Rousseff enfrentará dificultades en nuevo mandato
José Pedro Martins
10/11/2014
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Presidenta propone reforma política dirigida a ampliar representación ciudadana y que afectaría intereses rurales y empresariales en el Legislativo.

Con 51.6% de los votos válidos, la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), fue reelegida en la segunda vuelta electoral llevada a cabo el 26 de octubre. Y en la primera semana después de su elección la mandataria ya se hizo una idea de lo difícil que será la gobernabilidad en los próximos cuatro años, teniendo en cuenta que el próximo Congreso Nacional tendrá una composición mucho más conservadora.

Rousseff obtuvo 54.5 millones votos contra los 51 millones otorgados a Aécio Neves, senador por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), equivalentes al 48.3% de la votación. Fue la elección presidencial más disputada de la historia brasileña, en una campaña marcada por muchos cambios en las preferencias de los electores.

En los primeros sondeos electorales la presidenta Rousseff siempre aparecía con holgura a la cabeza, pero el margen empezó a disminuir a principios del 2014, con el avance de las candidaturas de Neves y de Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño (PSB).

Campos, exgobernador del estado de Pernambuco, murió el 13 de agosto en un accidente de aviación en plena campaña electoral. Con su muerte, la exsenadora por el estado de Acre, Marina Silva, quien integraba la fórmula de Campos, asumió la candidatura presidencial y pronto apareció en primer lugar en las encuestas, superando a Rousseff y a Neves, que prácticamente estaba fuera de juego.

Hubo luego una fuerte reacción de las campañas de Rousseff y Neves para “deconstruir” la candidatura de Silva, quien había mostrado grandes inconsistencias en algunos debates. El resultado fue que, en la primera vuelta el 5 de octubre, Rousseff y Neves quedaron en primer y segundo lugar, respectivamente, y debían competir en una segunda vuelta.

Fortaleza de los programas sociales
En las primeras encuestas tras la primera ronda, Neves superaba a Rousseff. Una vez más se produjo una fuerte reacción. La presidenta exhibió y reiteró la importancia de los programas sociales desarrollados durante los gobiernos del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2002-2010) y de ella misma, ambos del PT.

Son programas que, según numerosos organismos internacionales, han sacado a millones de la pobreza en Brasil. De acuerdo con la Encuesta Nacional por Muestreo de Hogares, el número de personas consideradas en situación de pobreza extrema —con ingresos menores a US$1.25 diarios y que no pueden satisfacer necesidades básicas para vivir como alimentación, acceso a agua potable y sanidad, vivienda y servicios de salud— disminuyó en 65%, pasando de 15.2% en el 2003 a 5.3% en el 2012. Con una tasa media de crecimiento anual de 3.5% entre 2003 y 2013, también han aumentado la inclusión social y el número de miembros en la llamada nueva clase media. Se estima que unos 40 millones de brasileños han emigrado de las clases D y E hacia la clase C. Por su parte, Neves destacó los logros del gobierno del expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), del PSDB, como una fuerte caída de la inflación.

Poco a poco, Rousseff fue recuperando la delantera y, en las últimas encuestas ya aparecía por delante de Neves. De todos modos, se esperaban resultados muy estrechos y la presidenta Rousseff acabó reelecta por muy pequeño margen. Una explicación de su victoria fue el gran desempeño electoral que tuvo en el Nordeste, la región más pobre de Brasil y la más beneficiada por los programas sociales del PT. Otra explicación fue la derrota de Neves en su estado natal, Minas Gerais, donde incluso fue gobernador por dos mandatos, entre el 2003 y el 2010.

En su discurso de victoria, Rousseff hizo muchas referencias a su mayor paladín electoral, el expresidente Lula, que ahora se convierte en un fuerte candidato para sucederla en el 2018. La mandataria anunció que una de sus primeras medidas sería un compromiso con una reforma política, lo que podría ocurrir a través de un plebiscito o referendo.

La reforma política incluye la propuesta de financiamiento público a los partidos y sus campañas, la revisión del sistema electoral, la formación de coaliciones partidarias, suplencias de legisladores y el voto secreto en las decisiones del Legislativo.

Pero no pasó una semana para que se produjese una reacción por parte del Congreso, que teóricamente sería el más afectado por la reforma política. El 28 de octubre, la Cámara de Diputados anuló un decreto firmado en mayo por la propia presidenta Rousseff y que establecía la Política Nacional de Participación Social que regula los mecanismos de participación y audiencias públicas.

Cámara de Diputados exhibe fuerza
Para los analistas, fue un mensaje claro del Congreso de que no perdería el control y no aceptaría una reforma política profunda. El analista político Antônio Augusto de Queiroz, director de Documentación del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP), señaló que una reforma política amplia, que incluya una Constituyente exclusiva, no les interesará, por ejemplo, a las nuevas organizaciones políticas con representación en el Congreso, incluyendo los partidos Social Democrático, Solidaridad, Republicano del Orden Social, Social Demócrata Cristiano, Ecológico Nacional, y del Trabajo Nacional.

“A los nuevos partidos una reforma que cambiase las actuales reglas del juego no les interesaría”, dijo el analista del DIAP. En su opinión, una reforma con Constituyente exclusiva [para la reforma política] sólo tendría oportunidad de ser implementada con tres condiciones: Tener “el compromiso del Ejecutivo”, lo cual debe de ser difícil, porque la presidenta electa tendrá mayores dificultades en negociar con el Congreso; tener “una fuerte presión popular sobre los parlamentarios”; y que las nuevas reglas sean “generosas”, no aplicándose en la elección subsiguiente. Y los cambios en el texto constitucional, observa De Queiroz, dependen de 308 votos en la Cámara, “lo cual nunca es una tarea fácil”.

Para el filósofo Roberto Romano, profesor de la Universidad Estadual de Campinas, la reforma política tendrá muchas dificultades para su implementación. “En nuestra historia política, cuando no se quiere cambiar nada, se habla de eso todo  el tiempo. Y ahora se está hablando mucho de reforma política”, destaca. Una verdadera reforma, resalta Romano, debería comenzar “por un cambio completo en la actual estructura partidaria, y los partidos brasileños son cualquier cosa menos democráticos”.

Además del voto presidencial, fueron elegidos los 513 integrantes de la Cámara de Diputados y 54 de los 81 senadores, y los gobernadores de los 27 estados del país.

Si bien la coalición que reeligió a la presidenta Rousseff, llamada “Con la fuerza del pueblo” y que incluye a los partidos Movimiento Democrático Brasileño, Social Democrático, Progresista, de la República, Democrático Laborista, Republicano Brasileño, Republicano de Orden Social y Comunista de Brasil, obtuvo 300 diputados —el PT logró 70 diputados, y sigue siendo la primera bancada en la Cámara, pero son 18 legisladores menos que los actuales—, lo que indicaría una cierta holgura en la Cámara, pero resulta que siempre hay disidencias y realineamientos de acuerdo con el asunto que se examine y se vote. Muchas veces predominan los bloques de interés por encima de los colores partidarios.

Habrá, en fin, mucha negociación en los próximos cuatro años, con grandes dificultades para la gobernabilidad. A menos que los proyectos sociales del PT se amplíen y fortalezcan aún más, que la economía retome el crecimiento de la época del gobierno de Lula y los primeros años del gobierno de la misma Rousseff, y con ello el gobierno federal tendría un apoyo consolidado en el Congreso Nacional. —Noticias Aliadas.


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Dilma Rousseff y expresidente Luiz Inácio Lula da Silva celebran reelección presidencial. (Foto: PT)
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