Sᢡdo, 19 de Octubre, 2019
Sección de suscriptores(as) Identificación Contraseña
HONDURAS
El primer año de Lobo
Alejandro F. Ludeña
04/03/2011
Envíe un comentario Imprima el texto de esta página

Presidente muestra pocos avances en materia de derechos humanos, desarrollo económico y seguridad.

El presidente hondureño Porfirio Lobo Sosa, quien llegó al poder en unas elecciones cuya legitimidad y transparencia fueron ampliamente cuestionadas, arribó el pasado 27 de enero a su primer año de gobierno en medio del descontento generalizado.

Lobo dirige un país que parece deslizarse hacia el caos como consecuencia de la polarización política, una profunda crisis económica y la penetración del crimen organizado en su vida cotidiana. En estas condiciones, aun cuando Lobo se apoya en algunas cifras macroeconómicas para defender su gestión —la economía hondureña creció un 2.5% en el 2010, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), tras haber caído a -1.9% en el 2009—, nadie parece otorgarle al mandatario una nota aprobatoria.

De una parte, el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) —organización conformada a raíz del golpe de Estado que el 28 de junio de 2009 derrocó al presidente Manuel Zelaya (2006-2009)— sigue considerando a Lobo como una mera continuación de la ruptura constitucional.

El FNRP acusa a Lobo de no haber solucionado en absoluto la grave crisis política suscitada por el golpe.

“El gobierno de Lobo ha ignorado nuestros repetidos llamados a la reconciliación y a terminar con la impunidad y los privilegios de la clase dominante”, afirmó Zelaya, conductor político del FNRP.

El FNRP cuestiona las elecciones del 29 de noviembre del 2009 por las que Lobo llegó al poder, señalando que carecen de suficiente legitimidad por el contexto en que se desarrollaron. Insiste en que para recuperar la institucionalidad socavada por el cuartelazo, es indispensable una nueva Constitución y el enjuiciamiento de los que vulneraron el orden constitucional.


Desunión nacional
Lobo ha reiterado que uno de sus logros ha sido conformar un gobierno de unidad nacional, con representación de todos los sectores. Sin embargo, esta decisión es cuanto menos polémica.

Gloria Oquelí, dirigente de la facción del tradicional Partido Liberal que apoya a Zelaya, pone el acento en la impunidad que permite a los golpistas seguir participando abiertamente en primera línea de la vida pública. Afirma que los sectores que dieron el golpe están claramente representados en el nuevo gobierno, incluido Romeo Vázquez, el general golpista que hoy es director de la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones (HONDUTEL).
“Los que dieron el golpe están ahí”, asegura.

En sectores de la derecha más dura el descontento también es manifiesto. Fernando Anduray, de la Unión Cívica Democrática, organización de la sociedad civil que cerró filas con el golpismo, acusa al presidente de no centrarse en afrontar los graves problemas que azotan el país. Cuestiona lo que considera las pérdidas de tiempo del presidente en este primer año, más preocupado por la reinserción del país a la comunidad internacional que de los problemas internos.

“El presidente Lobo sacrificó su popularidad para tratar de reintegrar a Honduras en la OEA [Organización de Estados Americanos]”, dijo Anduray.

En lo que muchos están de acuerdo es que los dos principales problemas sociales del país no han hecho más que agudizarse en los últimos 12 meses: la economía y la seguridad. El desempleo y el subempleo alcanzaron en enero al 44% de la población económicamente activa, según datos oficiales de la Secretaría de Trabajo.

Por su parte, el crimen crece de manera exponencial. El país registra ya 14 asesinatos diarios, convirtiéndose en uno de los escenarios más violentos del planeta. Sólo en el primer semestre del 2010 nueve periodistas fueron asesinados.

Para algunos analistas, a la violencia de la delincuencia común y el crimen organizado es preciso sumar la persecución política.

Human Rights Watch (HRW). organización defensora de los derechos humanos con sede en Nueva York, señala en su Informe Mundial 2010, publicado en enero, que “problemas de derechos humanos persistentes son la falta de independencia judicial y la violencia y amenazas contra periodistas, defensores de derechos humanos, activistas políticos y personas transgénero”.

Además, “los responsables de las violaciones de derechos humanos cometidas en forma generalizada por el gobierno de facto instaurado con posterioridad al golpe no han rendido cuentas por sus actos”, afirma HRW.

Ni verdad ni justicia
Aun cuando en mayo del 2010 fue instalada la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que debe esclarecer los hechos vinculados con el golpe de Estado, muy pocos en Honduras creen que sus conclusiones contribuyan a hacer justicia. Su mandato no parece claro y, tal y como han señalado varios expertos en derechos humanos, no cuenta con procedimientos adecuados para establecer la verdad y, consecuentemente, hacer justicia.

En este sentido, Alejandra Nuño, directora para Mesoamérica del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL), advirtió que “esta Comisión ha nacido muerta”. Según Nuño, el decreto que crea la Comisión “ha dejado de lado a las víctimas, y no obliga a cooperar con la investigación a los demás poderes del Estado que participaron activamente en el golpe”.

Parece claro que Lobo no ha podido dotar al país del rumbo que precisa para superar no sólo las profundas heridas del golpe de Estado, sino la secular pobreza y exclusión con que se ha desarrollado la sociedad hondureña.

A esto se suma que el movimiento de resistencia, bajo control de Zelaya, ha perdido credibilidad ante la ciudadanía que se opuso al golpe y tampoco parece ser capaz de levantar un discurso alternativo que concite el consenso de las mayorías.

El sacerdote Ismael Moreno, director del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús, comentó en un reciente artículo publicado en la revista hondureña Envío, que el FNRP “sigue siendo una realidad social que, al carecer de vertebración política e ideológica, se impide a sí mismo convertirse en instancia movilizadora y aglutinadora de una oposición real”.

Y es que los problemas de Honduras son tan profundos que difícilmente se pueden abordar sin contar con el consenso de todos los sectores. Como el propio Moreno apunta, “para salir de este terreno político y social movedizo, se debe pensar en un nuevo pacto social”.
—Noticias Aliadas.


Compartir
Noticias Relacionadas
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
Información y análisis independientes de libre reproducción mencionando la fuente.
Contáctenos a: (511) 7213345
Dirección: Jr. Daniel Alcides Carrión 866, 2do. piso, Magdalena del Mar, Lima 17, Perú
Correo: webcoal@comunicacionesaliadas.org