Martes, 22 de Octubre, 2019
Sección de suscriptores(as) Identificación Contraseña
AMÉRICA LATINA / EL CARIBE
Sin propuesta común ante cambio climático
Milagros Salazar
26/05/2010
Envíe un comentario Imprima el texto de esta página

Equilibrar el crecimiento económico con la preservación constituye un desafío para la región.

Si un glaciar blanquísimo desaparece y sólo queda un cerro negro y pelado que irrumpe en el cielo azul de los Andes, no es que estemos perdiendo la oportunidad de registrar una bella foto de postal, sino que al morir el glaciar también los ríos se irán secando y las poblaciones —primero de las zonas rurales y luego de las ciudades— tendrán menos agua para vivir. Lo que está en juego en la lucha frente al cambio climático no son cuestiones paisajísticas, sino la vida de millones de personas.

Casi siempre se piensa desde la gran capital que el cambio climático es un problema futuro, que afecta a terceros, a árboles y cerros que no tienen conexión con nosotros. Por esta lógica del “después” y del daño que “sólo sufre el otro pero no yo”, los líderes del mundo siguen postergando la decisión de asumir compromisos para enfrentar el origen del cambio climático.

América Latina y el Caribe es una de las regiones más vulnerables al cambio climático, sin embargo no tiene una estrategia común para hacerle frente.

Mientras que países andinos como Bolivia y Perú sufren inundaciones y sequías por la variabilidad de las lluvias o la deglaciación, los caribeños enfrentan la elevación del nivel del mar y la escasez de agua potable.

Pese a los efectos del calentamiento global, la región no tiene una propuesta común “por estar dividida ideológicamente y porque los países suelen responder a sus intereses”, asegura Manuel Pulgar Vidal, abogado de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental e integrante de la Plataforma Climática Latinoamericana.

Los países industrializados son responsables de más del 60% de las emisiones de dióxido de carbono. Desde 1850 han producido el 78% de esas emisiones, y son las naciones en vías de desarrollo las que sufren las consecuencias. Pero los intentos de los países en desarrollo para que las naciones desarrolladas disminuyan sus emisiones no han tenido éxito.

Sin metas ni plazos
La Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático que se realizó en diciembre del 2009 en Copenhague, Dinamarca, fue un fracaso porque los países industrializados no fijaron metas ni plazos específicos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que producen el calentamiento global, y es probable que el escenario se repita en la próxima reunión a realizarse en Cancún, México, del 29 de noviembre al 10 de diciembre, según Pulgar Vidal.

Con la negociación entrampada fundamentalmente por EEUU y China, será difícil detener el alza de la temperatura por debajo de los 2 grados centígrados como recomienda el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC, por sus siglas en inglés).

“Seguimos apuntando a 4 grados centígrados, y esto implica más riesgos para los países de América Latina y el Caribe. A algunos les será imposible adaptarse”, advierte Antonio Hill, experto en temas de cambio climático de la organización humanitaria Oxfam Internacional.

Para el uruguayo Gerardo Honty, investigador en energía y cambio climático del Centro Latino Americano de Ecología Social, las diferentes realidades económicas, ambientales y productivas de nuestros países hacen difícil llegar a acuerdos.

Así, vemos “economías muy dependientes de la exportación petrolera (como Venezuela), de alta predominancia agrícola (como Argentina y Uruguay), pequeños Estados insulares altamente vulnerables (como los del Caribe), varios países con amplia presencia de bosques (Costa Rica, Paraguay, Brasil, Perú y otros)”, explica el experto en su informe “América Latina después de Copenhague”.

Por otro lado están los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) —Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela—, que tienen una posición frontal contra el modelo y consumo capitalista y para los cuales Copenhague sólo sirvió a los intereses de un grupo de países. ALBA exige que se negocie en el marco del Protocolo de Kyoto, que establece que los Estados firmantes deben reducir en conjunto 5.2% de sus emisiones entre 2008 y 2012 teniendo como base 1990. Al otro extremo están los que defienden el libre mercado y se ubican en las filas de la derecha o por lo menos coquetean con ella (Chile, Colombia, México y Perú) y que tuvieron una posición menos cuestionadora, al punto que ya se han adherido al controvertido Acuerdo de Copenhague que no retoma los compromisos asumidos en Kyoto para avanzar en las negociaciones.

Brasil, por su parte, es uno de los países emergentes que no desean que el control del cambio climático retrase su desarrollo económico junto con los otros países del denominado grupo BASIC: China, India y Sudáfrica. Fueron precisamente estos países los que negociaron con EEUU el Acuerdo de Copenhague fuera de los dos grupos de trabajo de Naciones Unidas y a espaldas de sus aliados, proponiendo 12 puntos sin metas cuantificadas de reducción de emisiones y un plazo tan genérico que se reduce a la expresión “tan pronto sea posible”.

Por estas razones, se ha logrado a lo mucho que los gobiernos latinoamericanos hagan alianzas “en torno a temas específicos”, explica Honty. Uno de esos casos es el apoyo de Colombia, Ecuador, Perú y hasta Bolivia a la Reducción de Emisiones de Carbono Causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD), que es una iniciativa de mitigación para conservar los bosques como una forma de compensar las emisiones de GEI. En contraste, los pueblos indígenas ven este mecanismo como un pretexto para despojarlos de sus tierras.

Acciones frente a la amenaza
Aunque en las negociaciones internacionales aún no se ha logrado una definición de vulnerabilidad, lo que va cobrando fuerza a la hora de priorizar el destino de los fondos de adaptación y mitigación es considerar el nivel de pobreza del país, explica Hill. En el Acuerdo de Copenhague, los países industrializados se comprometieron a aportar US$30 millardos entre 2010 y 2012 y US$100 millardos anuales al 2020.

Algunos gobiernos de la región están adoptando planes nacionales para adaptarse al cambio climático y desarrollando proyectos como parte del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) establecido en el Protocolo de Kyoto, pero lamentablemente no se ha tenido los resultados esperados. ¿Por qué? Más del 70% de los bonos de reducción de emisiones que se otorgan con el MDL han sido adquiridos por países emergentes como Brasil, China y México y no por los industrializados, que son los responsables de las emisiones históricas de GEI. Por ello, se esperan mejoras con la implementación de REDD, precisa Pulgar Vidal.

También hay una respuesta desde las comunidades y sus conocimientos tradicionales. En el Perú los campesinos realizan cosechas de aguas. En Bolivia, se construyen camellones, plataformas elevadas de tierra de hasta dos metros rodeadas por canales que protegen de las inundaciones a las semillas y cultivos. En Colombia, se impulsan proyectos de reforestación, de defensas costeras y otros.

América Latina, como señala Honty, tiene el desafío de aceptar los contenidos del Acuerdo de Copenhague pero sólo como un primer paso a acuerdos definitivos y cuestionando la forma en que fue aprobado al margen de Naciones Unidas. De manera simultánea, insiste el experto, la región debe asumir una economía ecológicamente sostenible y por lo tanto aceptar reducir sus propias emisiones, ya que mantener un sistema económico que privilegia el consumismo tiene un costo muy alto: nuestra sobrevivencia.
—Noticias Aliadas.


Compartir
Noticias Relacionadas
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
Información y análisis independientes de libre reproducción mencionando la fuente.
Contáctenos a: (511) 7213345
Dirección: Jr. Daniel Alcides Carrión 866, 2do. piso, Magdalena del Mar, Lima 17, Perú
Correo: webcoal@comunicacionesaliadas.org