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HONDURAS
¿Triunfo electoral o legitimación del golpe?
Gilda Silvestrucci
03/12/2009
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Región dividida frente a resultados; nacionalista Porfirio Lobo Sosa gana cuestionados comicios presidenciales.

En la casa de Juana González, donde habitan 10 personas (seis menores de edad y cuatro adultos), hace tiempo que se olvidaron de acudir a las elecciones, porque nunca vieron una mejoría económica o quizá porque, al igual que otras 200,000 familias de Tegucigalpa, no cuentan siquiera con los servicios básicos como energía eléctrica y agua potable. Los políticos y sus promesas siempre los defraudaron.

Esta vez tampoco fue la excepción. En el hogar de González, ubicado en una zona marginal de la capital, sus habitantes se negaron a ir a votar el 29 de noviembre.

“Soy liberal, pero no voy porque le dieron golpe de Estado a Mel [el presidente Manuel Zelaya] y es mejor no ir a las urnas”, dijo González, quien prefirió asistir a misa ese día.

Zelaya fue depuesto y arrestado por efectivos militares el 28 de junio, y trasladado a Costa Rica. En su reemplazo fue juramentado el titular del Congreso, Roberto Micheletti, quien nunca ha admitido que en Honduras se produjo un golpe de Estado.

A pesar de las presiones de la comunidad internacional, Micheletti permaneció en el poder y mantuvo la fecha de las elecciones, convocadas en mayo pasado. Para muchos, estos comicios estaban dirigidos a legitimar el golpe.
De acuerdo con cifras el Tribunal Supremo Electoral (TSE), el 61% de los 4.5 millones de votantes registrados en el padrón electoral acudieron a votar.

Con 70% de las actas escrutadas, el TSE dio la victoria al candidato del derechista Partido Nacional, Porfirio Lobo Sosa, quien llegaba a los 854,200 votos válidos, mientras que su principal adversario y miembro del Partido Liberal, el ex vicepresidente de Zelaya, Elvin Santos, tenía un recuento de 584,559 papeletas a favor. Los demás candidatos, Bernard Martínez, del Partido Innovación y Unidad-Social Demócrata, Felícito Ávila, del Partido Demócrata Cristiano, y César Ham, del Partido Unificación Democrática, obtuvieron cada uno menos del 2% de los votos válidos.

“Aquí no ganó la democracia. Se inflaron los datos porque nosotros teníamos reportes de todo el país y por lo menos un 65% de hondureños no fueron a votar; eso significa que el gobierno quiere seguir justificando el golpe de Estado”, dijo el depuesto presidente Zelaya, quien permanece en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa desde el 21 de septiembre.

País dividido
Para Zelaya, Lobo Sosa tendrá que enfrentar un pueblo fraccionado, donde apenas un 17% de los hondureños —lo que equivale al electorado registrado que votó por él—respaldará su gestión, a menos que proceda a hacer pagar a los culpables del golpe de Estado.

Por su parte, Lobo Sosa, al conocer los primeros resultados de su victoria, prometió construir un gobierno de unidad en el que integrará a todos los sectores de la sociedad a fin de superar la crisis política a consecuencia del derrocamiento de Zelaya.

“Anuncio un gobierno de unidad nacional, de reconciliación, ya no hay tiempo de más divisiones, vamos adelante, todos juntos por Honduras”, dijo Lobo Sosa, quien, al igual que Micheletti, nunca admitió que en Honduras se perpetró un golpe de Estado.

Para analistas como Efraín Díaz Arrivillaga, uno de los primeros retos que tendrá que asumir Lobo Sosa será reducir el efecto de la crisis política actual, tratar de integrar a todos los sectores involucrados en el conflicto político de Honduras y tomar una decisión sobre la situación de Zelaya.

Esto pareció más difícil el 2 de setiembre, cuando el Congreso hondureño votó en contra de restituir a Zelaya en la presidencia hasta que concluya su mandato, el 27 de enero.

Según Díaz Arrivillaga, el abstencionismo no es significativo. Más bien opina que es similar a las cifras de los comicios del 2005, cuando se estimó en un 40%, con una participación de 3.9 millones de votantes.

El analista también considera que otra de las prioridades será superar la situación económica que se agudizó con la crisis, pero que podría apoyarse en el reconocimiento paulatino del proceso eleccionario por la comunidad internacional.

Sin embargo, los resultados han dividido a la región. Países con gobiernos derechistas como Colombia, Costa Rica, México, Panamá y Perú, sumados a EEUU, han aceptado el triunfo de Lobo Sosa, mientras que Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Uruguay y Venezuela anunciaron que no reconocerán los comicios porque fueron realizados por un gobierno ilegítimo.

El abstencionismo tiene mensaje
Mientras para el TSE el abstencionismo alcanzó cerca del 40% de los registrados para votar, de acuerdo a la versión del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado, el 63% de los registrados en el padrón electoral no acudió a votar, esto sin contar los 100,000 votos nulos y en blanco que reportó el TSE.

Los miembros de la resistencia, sostienen que hubo especulación con las cifras iniciales brindadas por el organismo electoral, pues el primer recuento debía darse a las 19:00 horas del domingo y se brindó a las 23:00 horas, con la justificación, del magistrado Enrique Ortez Sequeira, de que el sistema de cómputo tuvo fallas técnicas.

“Es evidente”, dice el diputado y miembro de la resistencia Tomás Andino, “que el problema técnico reportado por el Tribunal fue ocasionado, intencionalmente, para elevar las cifras de asistencia a votaciones”.

“No creemos que con la poca gente que llegó a los centros de votación, se hayan recabado cerca de 3 millones de votos, como pretende informar el Tribunal. Lo que hacen ellos, es tratar de no declarar fracasado el proceso ”, asegura el parlamentario, que pertenece al Partido Unificación Democrática.

Para Andino, como para organizaciones de la sociedad civil integrantes de la resistencia, el triunfo electoral no se lo llevó Lobo Sosa, sino la población que repudió el golpe de Estado, que no se presentó a ejercer el sufragio.

“La participación total”, asegura Andino, “fue de entre un 30% y 35%, no del 60% como pretende hacer creer el Tribunal Supremo Electoral”.

Andino afirma que la ganancia del proceso y de la crisis política será el surgimiento de una fuerza política en los próximos cuatro años, consolidada en las bases del Frente Nacional de Resistencia, que podría prepararse para competir en nuevos procesos eleccionarios y dar un giro al bipartidismo histórico en Honduras, protagonizado por los partidos Liberal y Nacional, ambos de derecha.
—Noticias Aliadas.


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