Sᢡdo, 4 de Abril, 2020
Sección de suscriptores(as) Identificación Contraseña
EL CARIBE
Cambio climático potencia huracanes
Lucila Horta
18/09/2008
Envíe un comentario Imprima el texto de esta página

Fenómenos meteorológicos aumentan en frecuencia e intensidad.

“Me desagradan los récords porque en esta materia son siempre malos, pero se estableció uno ahora en cuanto al breve lapso entre huracanes”, dice el jefe de pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba, José Rubiera, en relación a los últimos huracanes que en menos de dos semanas devastaron la isla.

La temporada de huracanes —del 1 de junio al 30 de noviembre— se inició con Arthur, seguido por Bertha, Cristóbal, Dolly y Edouard. Después Fay dejó alrededor de un centenar de muertos a su paso por Haití y República Dominicana, el 18 de agosto.

Tras dos semanas se desató Gustav, e inmediatamente Hanna, potenciando las enormes inundaciones en Haití, donde hubo unos 600 muertos y 800,000 damnificados. Ike impactó Cuba de punta a punta entre el 7 y 8 de setiembre, y en fatal combinación con su antecesor Gustav dejó 2 millones de damnificados y la destrucción, además, de 500,000 viviendas, el 50% de las siembras y el colapso del sistema eléctrico y telefónico.

“Ante un meteoro de las proporciones de Ike, con tan extendida área de influencia en lluvias y vientos, sólo la previsión y la experiencia de nuestro sistema de Defensa Civil, poniendo a salvo a 2.5 millones de personas, evitó males mayores”, considera Rubiera, para quien lo frecuente de contingencias tan graves para una zona susceptible al trayecto de los eventos originados en el Atlántico, son resultante del cambio climático, por elevación de las temperaturas en los océanos.

Por lo expuesto de su ubicación geográfica, varias naciones caribeñas concilian esfuerzos para disminuir la repercusión de tales azotes, que en el último decenio perjudicaron a unos 4 millones de personas y causaron más de 6,000 víctimas mortales.

Proyectos en marcha
La iniciativa regional Proyecto Precis-Caribe (Providing Regional Climates for Impacts Studies), diseñada por meteorólogos británicos y adaptada para la zona, permite compartir experiencias científicas, recursos humanos y materiales. Iniciada en el 2007 por Jamaica, Barbados, Belice y el Centro de Cambio Climático del Caribe, cuenta con programas computarizados sobre posibles escenarios, desarrollados por especialistas cubanos.

Entre las actividades asumidas está rehabilitar la cuenca del río Artibonite, en Haití, donde se genera electricidad para Port-au-Prince. Este país, altamente deforestado, es el más pobre del continente y duramente castigado.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) participa en el impulso de programas, asumidos por la Comunidad del Caribe (CARICOM), que reduzcan el impacto de las sequías, incendios forestales y tormentas, y el daño a las playas y especies en peligro de extinción o enfermedades como la malaria y el dengue, a consecuencia del daño al ecosistema mundial.

Otro proyecto involucra a Cuba, Haití y República Dominicana, países firmantes en el 2007 de un convenio sobre un Corredor Biológico del Caribe, destinado al manejo y protección de sus ecosistemas pues cientos de especies están amenazadas por los lances atmosféricos y la erosión del medio. Las naciones con mayor cantidad de áreas marinas protegidas son Cuba, Bahamas y República Dominicana, pero resulta insuficiente.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) pronostica mayor frecuencia e intensidad de los ciclones tropicales, dañinos cambios en la agricultura por bajos rendimientos, disminución de la masa ganadera y subida de los precios de los alimentos, con las consiguientes privaciones para muchos en la zona caribeña y en la parte continental de América Latina. Lo ocurrido con Fay, Hanna, Gustav y Ike, confirma augurios.

Cuba tuvo que echar mano de sus reservas de alimentos, medicinas y materiales para asistir a los afectados. Aún así, es “imposible resolver la magnitud de la catástrofe con los recursos disponibles”, advirtió Carlos Lezcano Pérez, presidente del Instituto Nacional de Reservas Estatales, al considerar insuficientes tan grandes volúmenes de materiales de construcción, para reparar o levantar otra vez los hogares.

Pronósticos catastróficos
A nivel regional, aunque valiosos, muchos propósitos no pueden llevarse a buen fin por falta de medios, estima Rodolfo Claro, del Instituto de Oceanología de Cuba, organismo con avanzados estudios sobre la elevación del nivel del mar, entre otras razones debido al derretimiento de los glaciares y su impacto sobre los ecosistemas costeros. Durante el siglo XX en el Caribe se produjo un aumento promedio del nivel del mar de 1 mm por año. Gran problema, encima, resulta el avance del agua salada hacia las de regadío.

Para el científico, el ascenso de los océanos (a escala mundial ya subió entre 10 y 20 cm en la era post industrial) puede ser entre 0.6 m hasta 1 m entre el 2050 y el 2100, y traería lesiones irreparables a los estados insulares. Sólo en el archipiélago cubano se perderían 374,000 Ha de pastos y manglares, malogrando los esfuerzos por aumentar el componente boscoso del país, destinado a combatir el daño al ambiente, pues disminuiría el 14% de la masa lograda. Incluso podría desaparecer, tragada por el océano, la península de Guanahacabibes.

La zonas orientales, la de Pinar del Río y la Isla de la Juventud, fueron las más perjudicadas por los dos últimos eventos meteorológicos en una temporada con un alto nivel de destrucción. Gustav y Ike arrancaron miles de metros cúbicos de maderables, incluyendo las provincias habaneras, donde el influjo de estos fenómenos fue menor. Cifras oficiales preliminares indican daños por US$5 millardos. Pudo ser más grave de no existir instrumentos para prevenir o minimizar perjuicios: más de 1,000 km de obras contra inundaciones y 235 presas o programas como el energético (los grupos electrógenos proveen el 48% de la electricidad) permitieron mantener en activo hospitales, panaderías e instalaciones indispensables, tras la caída de kilómetros de cables y cientos de torres de alto voltaje. 
—Noticias Aliadas.


Compartir

Temporada de huracanes dejó 500,000 viviendas destruidas en Cuba. (Foto: TV Solivisión/ Ariel Soler)
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
Información y análisis independientes de libre reproducción mencionando la fuente.
Contáctenos a: (511) 7213345
Dirección: Jr. Daniel Alcides Carrión 866, 2do. piso, Magdalena del Mar, Lima 17, Perú
Correo: webcoal@comunicacionesaliadas.org