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AMÉRICA DEL SUR
IIRSA, la integración incompleta
Andrés Mego
30/04/2008
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Iniciativa pone en peligro ecosistemas y pueblos indígenas.

“Las formidables barreras naturales tales como la Cordillera de los Andes, la selva amazónica y la cuenca del Orinoco” son el principal problema para posibilitar la integración física del continente y, en consecuencia, potenciar el comercio regional, señala el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) titulado “Nuevo impulso a la Integración de la Infraestructura Regional en América del Sur”, elaborado en el 2000.

Ese mismo año, durante la I Cumbre Presidencial Sudamericana, realizada en Brasilia a instancias del entonces presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), coincidentemente se identificó la fragmentación de la infraestructura física como un obstáculo principal para la competitividad comercial de la región. Como solución, se acordó el desarrollo de una estrategia con miras a interconectar las infraestructuras nacionales.

Ese es el origen de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), estrategia continental para impulsar el desarrollo de proyectos de infraestructura en los rubros de energía, transportes y comunicaciones.

Posteriormente, durante la III Cumbre Presidencial Sudamericana realizada en diciembre del 2004 en la ciudad peruana del Cusco, la IIRSA fue confirmada como componente importante de la estrategia de integración política y económica regional.

Los presidentes de las 12 naciones sudamericanas aprobaron la Agenda Consensuada, una cartera de 31 proyectos de inversión de gran escala, considerados estratégicos, a realizarse en el periodo 2005/2010, por un costo aproximado de US$6.4 millardos.

Si bien la IIRSA, que entró en implementación en el 2005, también responde al legítimo reclamo de los pueblos por mejores vías de comunicación y podría estimular la reducción de la pobreza, aquella percepción de la naturaleza como “barrera” es una de las principales críticas que la sociedad civil organizada hace a la iniciativa.

“Dentro de la IIRSA, la Amazonia está siendo vista como una gran posibilidad de unir a los países que siempre vieron a la selva como un obstáculo”, afirma Elisangela Soldatelli Paim, coordinadora de proyectos del Núcleo Amigos de la Tierra de Brasil. “Sin embargo, la lógica de la iniciativa está basada meramente en la integración física y comercial apuntando a la explotación del patrimonio natural del continente”.

Potenciales impactos
El biólogo estadounidense Timothy J. Killeen, en su estudio titulado “Una tormenta perfecta en la Amazonia”, sostiene que “una iniciativa visionaria como IIRSA debería ser también visionaria en todas sus dimensiones e incorporar medidas para asegurar que los recursos renovables de la región sean conservados y las comunidades tradicionales fortalecidas”.

La IIRSA ha sido diseñada sin considerar adecuadamente sus potenciales impactos ambientales y sociales, lo que la convierte en una amenaza latente sobre los ecosistemas y las culturas aborígenes. Considerando que la mayoría de megaproyectos se están llevando a cabo en espacios naturales, como la Amazonia, extremadamente vulnerables al cambio, el componente ambiental debe ser prioritario.

Uno de los megaproyectos definidos en la Agenda Consensuada de IIRSA es el Corredor Vial Interoceánico Sur Perú-Brasil, o Carretera Interoceánica Sur, cuyo asfaltado en el Perú se inició en el 2005 a un costo de más de $1 millardo, y que posibilitará el acceso de los estados brasileños de Acre y Rondônia a los puertos del Pacífico.

Los tramos más problemáticos de este megaproyecto se desarrollan en el departamento amazónico peruano de Madre de Dios, donde ya existe un pasivo social y ambiental significativo, causado por la minería informal y la tala desmedida. A pesar de que Madre de Dios es el departamento con más áreas protegidas del Perú, la presencia del Estado es sumamente débil. El experto en temas ambientales Marc J. Dourojeanni, autor de “Estudio de Caso sobre la Carretera Interoceánica en la Amazonia Sur del Perú”, advierte que de continuar esta situación, impactos como la deforestación, la degradación de bosques y la invasión de áreas protegidas y tierras indígenas, entre otros, acelerarán su gravedad después del asfaltado. Sin embargo, según Dourojeanni, “la principal objeción a la obra no se refiere directamente a ella, sino a la falta de mecanismos públicos que permitan evitar los impactos previstos, e impulsar el desarrollo sostenible”.

Posiblemente el más polémico de todos los proyectos IIRSA es el que se ejecutará en el territorio brasileño: las hidroeléctricas del río Madeira. Este megaproyecto de energía ya cuenta con licencias ambientales del gobierno y ya se dio en licitación para su construcción, pero arrastra consigo muchas críticas del sector ambientalista.

El río Madeira es el principal afluente del Amazonas, y por lo tanto el impacto de una represa puede ir mucho más lejos del área circundante. Por otra parte, como el proyecto se ubica muy cerca de Bolivia, el gobierno del presidente Evo Morales ha protestado por posibles inundaciones que podrían traspasar la frontera.

Una recomendación clave en el análisis de Killeen es que los estudios ambientales de IIRSA deben ser integrales y no simplemente específicos para cada proyecto: “Los estudios deben tener en cuenta los impactos secundarios y acumulativos provenientes de múltiples proyectos, incluidos aquellos financiados por otras agencias y el sector privado”.

¿Subhegemonía de Brasil?
Los antecedentes de la IIRSA se pueden rastrear en los planes que Brasil ha puesto en práctica dentro de su territorio desde 1990 cuando el gobierno federal, con el objetivo de integrar la Amazonia al espacio productivo brasileño y consolidar la hegemonía política y económica de Brasil en América del Sur, convocó a los estados y municipios a adherirse a planes de desarrollo integrados, llamados Planes Plurianuales (PPA).

Esta iniciativa, conocida como “Avanza Brasil” y posteriormente como “Brasil para todos”, estuvo basada, al igual que la IIRSA, en Ejes de Integración y Desarrollo identificados para incorporar nuevas áreas del país a la dinámica del comercio global.

La experiencia ratificó la estrecha relación entre la economía y las mejoras en infraestructura, y puso en evidencia la necesidad de conectar los estados brasileños amazónicos (Acre, Amazonas y Rondônia), lejanos de los puertos del Atlántico, con el Pacífico a través de sus vecinos Bolivia y Perú.

En la práctica vemos que en la implementación de los megaproyectos IIRSA, la participación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), entidad pública asociada con los ministerios de Desarrollo, Industria y Relaciones Exteriores, es fundamental para las compañías brasileñas que operan en países vecinos.

Importantes contratos de proyectos IIRSA han sido adjudicados a consorcios liderados por grandes constructoras brasileñas, principalmente Odebrecht, gracias a que tienen acceso al crédito que otorga el BNDES de acuerdo a su política de promover la exportación de bienes y servicios brasileños.

Al mismo tiempo, otro factor que impulsa a Brasil a lanzar la IIRSA es, como señala el economista peruano Gustavo Guerra García, “la necesidad del gobierno brasileño de contrapesar los efectos negativos del NAFTA [siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio de América del Norte] sobre la exportación de productos manufacturados brasileños”.

“El modelo de desarrollo pretendido por el gobierno brasileño para América del Sur no es otro que el que está en curso en Brasil.”, afirma Jean-Pierre Leroy, miembro de la Red Brasileña de Justicia Ambiental. “¿Se puede hablar de subhegemonía? Es innegable que Brasil, dividido entre sus intereses y su voluntad de integración, se posiciona de modo que su liderazgo en el proceso de integración esté garantizado”.


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IIRSA: Ejes de integración y desarrollo
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