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MÉXICO
Complot contra el maíz
John Ross
07/03/2007
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Grandes empresas biotecnológicas se aprovechan de crisis del maíz para obligar a campesinos a comprar semillas transgénicas.

Los precios mundiales del maíz actualmente se encuentran en su nivel más alto debido al creciente interés en la producción de etanol como sustituto del petróleo.

En México el precio del maíz se elevó por el costo del diesel y de los fertilizantes y pesticidas petroquímicos, a pesar del hecho de que México es un importante productor de petróleo.

Pérdidas de cultivos debido a sequías, inundaciones y hasta tormentas de nieve han contribuido al aumento del precio. Pero cualesquiera que sean las causas inmediatas, el desmantelamiento de los programas agrícolas del gobierno y los brutales impactos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) han profundizado la crisis en la producción del maíz mexicano.

La competencia con agricultores estadunidenses altamente subsidiados está llevando a los campesinos mexicanos a la bancarrota. Los precios garantizados para los productos agrícolas son cosa del pasado en México, mientras que los productores de maíz en EEUU pueden recibir subsidios de su gobierno de más de US$21,000 por media hectárea, lo cual les permite inundar México con su maíz.

El precio de esta inundación ha sido obligar a 6 millones de campesinos y sus familias a abandonar sus tierras y sumarse a la ola migratoria, según un estudio realizado el 2004 por la entidad estadunidense Carnegie Endowment for International Peace.

Este asalto contra los agricultores pobres se agravará a fines de este año cuando se eliminen todos los aranceles al maíz estadunidense.

Importación libre de impuestos
El presidente Felipe Calderón busca reducir el aumento del precio de la tortilla, que a comienzos de año subió de US$0.72 a $1.2 el kilo, importando más de 2 millones de toneladas de maíz libre de impuestos para aumentar lo que los agricultores mexicanos pueden o no pueden producir. Tal solución hará con seguridad que más campesinos abandonen sus tierras. Y lo peor es que gran parte del nuevo flujo de maíz del TLCAN será transgénico.

El grupo ambientalista Greenpeace estima que de los 36 millones de toneladas de maíz que México ha importado de EEUU en los últimos seis años, entre 40% y 60% ha sido genéticamente modificado. Según el grupo, los productores estadunidenses, prohibidos de vender maíz transgénico a Europa y Japón, están usando a México como vertedero de su grano.

El maíz transgénico empezó a llegar a México en 1998. Para el 2001 se había detectado en las remotas sierras de los estados de Oaxaca y Puebla, donde el maíz fue domesticado por primera vez hace 7,000 años. Las variedades BT y Starlink (pertenecientes a las transnacionales Monsanto y Novartis) fueron encontradas en la Sierra de Juárez, en Oaxaca, en el 2001 y el 2002.

Aunque México importa millones de toneladas de maíz transgénico, todavía en este país es un delito cultivar semillas genéticamente modificadas.

En 1998, la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM), instancia interdisciplinaria en que participan las secretarías de Salud y de Agricultura, declaró una moratoria en el cultivo de maíz genéticamente modificado hasta que se determinaran sus impactos, y la prohibición continúa vigente aunque duramente atacada por las empresas biotecnológicas y agrícolas.

“Estaciones experimentales”
Para mantener a raya a la industria, la CIBIOGEM otorga ahora permisos para “estaciones experimentales” donde el grano transgénico puede ser cultivado bajo supervisión del gobierno. Monsanto, el conglomerado estadunidense que controla los mercados de semillas del mundo, actualmente está experimentando su especie de maíz “YieldGuard” en cientos de hectáreas en Sinaloa, el estado con la mayor producción de maíz en México.

Una fuga de YieldGuard en Sinaloa contaminaría una enorme cantidad del maíz existente.

Actualmente, grupos de productores y empresas agrícolas están solicitando autorización a CIBIOGEM para cultivar grandes extensiones de maíz transgénico.

“La biotecnología es la única solución para cultivar más cantidad de maíz y mantener la tortilla a precio asequible”, advirtió Jaime Yesaki, director del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), el principal gremio agroempresarial del país.

A la petición del CNA a la Secretaría de Agricultura de levantar la prohibición al maíz genéticamente modificado se unió la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales, controlada por la transnacional estadunidense Wal-Mart, la principal vendedora de tortillas y otros alimentos en México.

Detrás del conflicto del maíz se esconde el control del mercado de semillas. “Hemos esperado pacientemente 10 años a que se levante la moratoria”, dijo Eduardo Pérez Pico, director de Monsanto-México al diario La Jornada, y añadió: “Parte del rezago productivo de México tiene que ver con sistemas de producción, con la adopción de tecnologías mejoradas” que pueden alimentar mejor a su población.

El maíz no es sólo nutrición y sustento en México, sino también cultura y religión. El ataque transnacional al maíz provoca pasiones y paranoia entre los descendientes de los pueblos originarios de México.

Organizaciones no gubernamentales mexicanas alegan que el maíz transgénico es una amenaza a los 57 pueblos indígenas que habitan México.

La geografía mexicana produce cientos de variedades de maíz que se han adaptado a las miles de biorregiones del país a lo largo de milenios.

La introducción del maíz transgénico servirá sólo para homogenizar estas variedades, opina Ignacio Chapela, biólogo de la Universidad de California-Berkeley, quien fue el primero en ubicar la contaminación transgénica mientras realizaba trabajo de campo en la pequeña localidad de Calpulapan en la sierra oaxaqueña, en el 2001.

“Millones de años de historia biológica se perderán si se permite cultivar semillas transgénicas en la milpa mexicana”, dijo.

 


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Las tortillas de maíz son parte integral de la dieta mexicana.
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