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CHILE
Hacia el fortalecimiento del movimiento sindical
Arnaldo Pérez Guerra
05/12/2014
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Taller sindical impulsa la organización de los trabajadores para defender sus derechos laborales.

A través del taller sindical La Clase, jóvenes trabajadores y profesionales ligados al ámbito laboral, buscan aportar a la reconstrucción del movimiento sindical, como parte del movimiento popular, tomando las herramientas de la educación popular para “autoformarnos como clase trabajadora”, retomando la tradición obrera que dio origen al sindicalismo en Chile.

“Comenzamos el taller sindical La Clase en marzo del 2013, realizando escuelas de formación a trabajadores sindicalizados, con el objetivo de desarrollar conciencia de clase y generar la necesidad de la organización. Debido al auge que ha tenido el movimiento social y popular en el último tiempo, consideramos que los trabajadores son vitales para transformar radicalmente el modelo que estamos viviendo”, dice Santiago, dirigente del taller, quien pidió mantener su apellido en el anonimato.

Según los jóvenes de La Clase, desde el 2006 —año en que la presidenta Michelle Bachelet, durante su primer gobierno (2006-2010), promulgó la ley de subcontratación con la que se legitimó una nueva forma de precarización laboral—, se ha producido un aumento de la sindicalización, huelgas y radicalidad de algunos de estos procesos.

Entre el 2007 y el 2012 se produjo un aumento de trabajadores sindicalizados, llegando a 940,000, es decir, un 12.2% de la fuerza de trabajo ocupada. Para La Clase, se está retornando incipientemente el valor a la organización del pueblo a través del sindicalismo.

Proceso de politización
Las movilizaciones en contra de la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-90) y el impulso del movimiento de trabajadores permitió que durante los primeros años de los gobierno de la Concertación de los Partidos por la Democracia, el número de sindicalizados fuera en aumento. En 1991 llegaron a ser 701,000 (15.1%), pero lentamente esto comenzaría a disminuir año a año desde 1992, para llegar en 1999 a solo 580,000 mil afiliados (10.7%).

La Concertación perpetuó lo elaborado por la dictadura y a medida que avanzaba el neoliberalismo, situación que les acomodaba, los trabajadores fueron disminuyendo en fuerza organizativa.

“Resulta paradójico darnos cuenta que la CUT [Central Unitaria de Trabajadores] haya firmado en reiteradas ocasiones ‘Acuerdos Marco’ con los empresarios, ofreciéndoles tranquilidad y cooperación; uno de estos acuerdos se llamó ‘Chile: una oportunidad histórica’, en donde la propiedad privada era lo principal y los trabajadores ‘cooperarían y protegerían la empresa y los empleos’”, señala Francisco, dirigente del taller quien también prefirió no dar su apellido.

Dicha situación trajo que en los años 90 se agudizara el nivel de persecución a los luchadores sociales. Los “Acuerdos Marco” tampoco significaron mejoras en las condiciones laborales. Fue una constante hasta el año 2006.

“Aunque reconocemos que gran parte de las luchas sindicales [actuales] son economicistas, el hecho de generar un paro de brazos caídos con un contenido más político, busca que se rompa el esquema donde el sindicato descansa sólo en el dirigente”, afirma Francisco. “Claramente las bases tienen que generar un proceso de politización y concientización”, añade.

Manual de formación
Buscando romper con esos criterios economicistas, organizarse y luchar por “mejoras salariales pero con una perspectiva de clase”, añade Francisco, hace un año el taller La Clase publicó el “Manual de acción sindical: Experiencias y prácticas actuales de la clase trabajadora” (Ediciones Pueblo en Lucha).

Dedicado a Rodrigo Cisterna —obrero forestal asesinado en mayo del 2007 en medio de una huelga que fue reprimida violentamente por las Fuerzas Especiales de Carabineros durante el primer gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010)—, y a Juan Pablo Jiménez, dirigente sindical baleado en febrero del 2013 en el interior de Azeta, empresa contatista de Chilectra —distribución de electricidad—, en la pasada gestión del expresidente Sebastián Piñera (2010-2014), el manual es el resultado de un proceso de recopilación de experiencias de algunos sindicatos, mediante entrevistas a distintos dirigentes. Ha buscado, además, rescatar ciertas prácticas que tuvieran efectividad en un conflicto laboral, y que potenciaran el sentido clasista, según explica Francisco.

El manual se define como “un resultado e insumo que esperamos sirva para las nuevas camadas de trabajadores y trabajadoras que han decidido no seguir agachando la cabeza y se han sumado a la lucha popular que se viene masificando en el país”.

Para estos jóvenes militantes de la acción sindical, “en la actualidad nos enfrentamos a un Estado hecho a la medida del empresariado; ellos instalaron el plan laboral y nos prohibieron la participación en las negociaciones con otros sindicatos, obligándonos a mirar sólo dentro de lo que acontecía en ‘nuestra’ empresa. Así se fue desmantelando cualquier posibilidad de formar parte de las decisiones políticas a nivel nacional. Hoy pretenden obligarnos a cumplir una ley laboral que sólo los beneficia a ellos”.

Según datos recopilados en el manual, existen hoy niveles bajos de sindicalización: 13.9%. Para La Clase esta situación no es casual.

“Nos encontramos frente a una planificación productiva que tiene sustento en la ley: Empresas fragmentadas, con trabajadores subcontratados y con altos niveles de rotación. Cuesta formar lazos y sindicalizarse de forma legal. Abunda el contrato a honorarios, el cual desregula la relación laboral, puesto que no se les aplica el código laboral. Sin embargo, y pese a todo esto, la historia nos demuestra que la ley no es el límite ni el tope para transformar la realidad”, dicen.

Una de las demandas que se está instalando con fuerza en términos políticos y judiciales es el fin del subcontrato, que restringe derechos laborales como la estabilidad laboral, condiciones de trabajo dignas y derechos colectivos, entre otros. Según datos del Ministerio de Trabajo, se estima que 35% de la fuerza laboral está subcontratada.

Francisco explica que el manual tiene un aspecto didáctico: “Abarca desde la formación de un sindicato, la reacción del empresariado o patrón, también el quehacer del sindicato. Nos detuvimos en eso porque también creemos que está impuesto desde la legalidad. Los trabajadores tienen la responsabilidad como sujetos políticos de generar la vida del sindicato, que vaya más allá de los términos económicos, generar espacios de formación, lazos de solidaridad, lazos territoriales”.

El manual también aborda la negociación colectiva, explicando sus procedimientos en términos legales y también cómo se pueden establecer tácticas para lograr mejores resultados en una negociación. Se hablan de las etapas de la negociación reglada, donde los trabajadores pueden incidir, mediante qué forma se puede hacer. Se recogen experiencias, procesos exitosos y también aprendiendo de otros que no llegaron a buen término o fueron fracasos.

Los jóvenes de La Clase señalan que seguirán realizado múltiples actividades político-sociales y asesorando legalmente a trabajadores y sindicatos. De los que se trata, dicen, es de construir los caminos necesarios para representar verdaderamente los intereses de los trabajadores, que actualmente no están en la CUT, que se ha convertido en un aparato corporativo del gobierno.

“Sabemos de bastantes intentos de articulación, pero creemos que no sirven de nada si se quedan solo a nivel de los dirigentes y no representan a las bases”, concluye Santiago. —Noticias Aliadas.


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El fin del subcontrato es una de las principales demandas de los trabajadores sindicalizados. (Foto: Leandro Torchio Olivares)
Noticias Aliadas / Latinamerica Press
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