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CHILE
Ecosistema marino depredado
Paolo Moiola
18/06/2014
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Industria salmonera ha producido graves consecuencias sobre la fauna ictiológica y la pesca artesanal.

Era junio de 1834 cuando en el pequeño puerto de Ancud, en Chiloé, Región de los Lagos, atracó el Beagle, un velero de la Armada Real británica que llevaba a un joven naturalista inglés destinado a una gran fama, Charles Darwin. Ancud es el primer pueblo que se encuentra después de cruzar el canal de Chacao. Desde los tiempos de la visita de Darwin sigue siendo un lugar relativamente tranquilo. Lo que, en casi dos siglos, ha cambiado por completo —y para peor— es el ecosistema, tanto en tierra como en el mar.

Algunas embarcaciones están amarradas en el puerto, en su mayoría son lanchas a motor. Por lo general, la tripulación de cada embarcación está compuesta por cuatro hombres: tres van bajo el agua y uno permanece a bordo. Otras naves acaban de regresar a puerto y descargan rápidamente sacos llenos de mariscos que se pesan inmediatamente.

Alejandro Meda es el principal comprador de productos de la pesca de Ancud. “Compro todo lo que llega al puerto”, dice, “mariscos o luga roja [un tipo de alga] como se ve en este camión. Tiene gran demanda, sobre todo en el extranjero. En EEUU, por ejemplo, se compra en grandes cantidades. Las aguas de Ancud no ofrecen mucho. Para pescar otras cosas tenemos que ir a mar abierto, donde se encuentra la merluza”.

Meda es comerciante y da la impresión de dominar su oficio, pero describe un panorama sombrío sobre la situación de la pesca.

“El mar no está ofreciendo mucho porque ha sido explotado demasiado. Hubo un tiempo en que las lanchas llegaban llenas de pescado. Ahora vienen con mucho menos, tal vez un tercio. Por esto los pescadores artesanales están disminuyendo. No se necesita mucha investigación: basta con ver el número de lanchas en el puerto, que se está reduciendo constantemente”, señala.

Ley que favorece pesca industrial
En el almacén del puerto se acopian sacos de almejas que parecen gigantes. Sin embargo, Meda afirma que “la cantidad de almejas cosechadas se ha reducido drásticamente en los últimos años. En este periodo su precio se ha duplicado debido a la huelga contra la nueva ley de pesca”.

Según la mayoría de los pequeños pescadores artesanales, la ley aprobada en febrero del 2013, lejos de mejorar la sostenibilidad de la actividad, sigue por el contrario favoreciendo a las empresas industriales.

Frente al muelle del pequeño puerto de Dalcahue, a unos kilómetros de Castro, la principal ciudad de Chiloé, Víctor tiene un pequeño puesto de choritos o mejillones, instalado casi en la puerta de su casa. Es pescador artesanal, pero los mejillones que vende no los ha pescado él.

“Mi lancha está allí”, dice, señalando en dirección a la playa. Víctor nos habla del salmón y los daños que ha causado su producción intensiva. Desde la crisis del 2007, debido a la propagación del virus de la anemia infecciosa que devastó los criaderos de salmón, las empresas —casi todas noruegas, canadienses y japonesas— han despedido a miles de trabajadores. “Hoy la producción está en alza, pero los problemas permanecen. Para comenzar, con el uso escandaloso de los antibióticos”, dice Víctor.

Las instalaciones de cultivo de salmón son estructuras flotantes ubicadas en mar abierto compuestas de tanques delimitados por redes, llamadas balsas-jaula, en las que los salmones son criados y engordados. En esas instalaciones se colocan sacos de comida para el engorde de los peces, pero también bolsas con antibióticos listos para ser arrojados al agua. Estas “granjas de salmón” tienen consecuencias negativas. Enormes cantidades de comida, fármacos y heces se dispersan en el agua con efectos devastadores sobre el ecosistema marino.

Se estima que en el 2013 la industria salmonera de Chile ha utilizado entre 150 y 230 gramos de antibióticos por tonelada de salmón producida. En las empresas noruegas y canadienses el promedio normal es de entre 5 y 50 gramos por tonelada.

Persisten problemas sanitarios
En Castro, Mauricio Muñoz, periodista del diario La Estrella, confirma lo dicho por Víctor, que tras la crisis “las salmoneras han recomenzado a trabajar. Los controles son mucho más estrictos que en el pasado, pero la amenaza de los problemas sanitarios siempre está latente”.

Chile es el segundo productor mundial de salmón, después de Noruega. La demanda de este producto está en constante crecimiento y, por lo tanto, la actividad de la salmonicultura responde a las exigencias del mercado. Un sector que mueve miles de millones de dólares no se detiene frente a problemas ambientales o sanitarios, por graves que puedan ser.

Como casi siempre sucede cuando se deja carta blanca a la economía de mercado, la cuestión de la cría de salmón se ha convertido en una lucha entre pobres, en este caso entre los trabajadores de las salmoneras que defienden el sector y los pescadores artesanales.

“Comprendo a unos y otros”, señala Muñoz. “Por otro lado, cuando se arrojan al mar cantidades de alimentos artificiales para engordar los salmones, se produce contaminación. Y el efecto dominó está asegurado”.
—Noticias Aliadas.


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Balsas-jaula usadas para la cría de salmones en Chiloé. (Foto: Paolo Moiola)
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