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HAITÍ
Violencia sexual en campamentos de refugiados
Noticias Aliadas
21/11/2013
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Casi cuatro años después del terremoto, las mujeres siguen temiendo ataques sexuales.

Luego del terremoto del 12 enero del 2010, más de un millón de personas tuvieron que trasladarse a campamentos de refugiados donde todavía viven más de 350,000 damnificados. La violencia sexual contra las mujeres se ha exacerbado debido a las condiciones de inseguridad existentes que no garantizan protección alguna para mujeres y niñas.

El desplazamiento es considerado como uno de los factores claves en el incremento de la violencia sexual contra mujeres en Haití ya que las redes sociales y familiares no funcionan para protegerlas. Esto empeora por las condiciones de los campamentos ya que las carpas no pueden cerrarse ni evitar el ingreso de intrusos indeseados durante la noche. También se han producido ataques contra las mujeres mientras recogían agua o esperaban por la distribución de alimentos, así como en las letrinas y en las duchas.

La violencia sexual tiene una larga historia en Haití, donde las mujeres todavía son tratadas como ciudadanas de segunda clase. Las violaciones adquirieron notoriedad durante las dictaduras de François Duvalier (1957-71) y de su hijo Jean-Claude (1971-86), en el régimen de Raoul Cédras, que derrocó al presidente Jean-Bertrand Aristide en 1991, y en el periodo posterior al golpe hasta 1994, cuando Aristide fue repuesto en el poder, al ser usadas con frecuencia como medio de opresión política contra mujeres activistas de movimientos democráticos.

La actual legislación favorece la discriminación de las mujeres y las coloca en situación vulnerable ante los abusos sexuales, por ejemplo, la violación marital todavía no es reconocida como tal. Recién en el 2005 la violación fue considerada delito, mientras que antes sólo era una “falta contra la moral”.

Debido a la carencia de infraestructura pública luego de la catástrofe, la impunidad de los perpetradores aumentó aún más, a la vez que los servicios básicos relacionados con la protección contra el abuso y tratamientos médicos fueron dejados sin efecto o cancelados. Según Human Rights Watch, organización internacional defensora de los derechos humanos, 60% de las instalaciones de salud fueron destruidas mientras que 10% de los profesionales murieron o emigraron. El terremoto también pasó la factura al personal capacitado de organizaciones de apoyo a mujeres y niñas afectadas por la violencia.

Mujeres desprotegidas
En vista de que las mujeres que viven en estos campamentos por lo general no tienen medios para mantener a sus familias, la prostitución y el sexo transaccional se han convertido en una forma de enfrentar los problemas económicos desencadenados por el terremoto y la pérdida de medios de sustento. Este nuevo mecanismo de defensa post terremoto también ha implicado dificultades adicionales para las mujeres, como embarazos no deseados, dejando a las mujeres en una situación aún peor.

Los embarazos no deseados son con frecuencia resultado de una violación, así como de falta de información relacionada con el tratamiento posterior a la violación y el escaso acceso a anticonceptivos.

A nivel de base, los propios refugiados están tratando de encarar el problema de la violación en los campamentos formando grupos de vigilancia que custodian a las mujeres en las carpas. Delna Charlotin, jefa y fundadora de uno de los grupos de vigilancia en un campamento en las afueras de Port-au-Prince, la capital, explicó a la prensa sus motivos para impulsar esta iniciativa: “Un día encontré a una joven que había sido violada cerca de donde estábamos. Nadie se atrevió a ir a rescatarla. Es cuando decidí que debíamos juntarnos, unirnos y luchar para no permitir que esto vuelva a ocurrir jamás”.
—Noticias Aliadas.


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