COLOMBIA
La música como rescate social
Susan Abad 22/07/2010
Disminuye la incorporación de niños y jóvenes a bandas delincuenciales o grupos ilegales gracias a programas musicales.
A través de la música, programas gubernamentales y municipales buscan dar una oportunidad a jóvenes y niños de Medellín, la segunda ciudad en importancia de Colombia, para mejorar su calidad de vida y alejarse de la violencia.
Según datos oficiales, hay en Medellín alrededor de 586,000 jóvenes de entre 12 y 29 años de edad y el 70% de ellos vive en estratos 1, 2 y 3 de una escala donde el 6 es el de mayor poder adquisitivo.
“Los grupos armados ilegales están conformados cada vez por más niños, niñas y adolescentes ya que son más fácilmente influenciables y porque no generan mayores costos de sostenimiento económico para esas agrupaciones”, subraya un reciente informe de la Personería de Medellín, filial del gobierno central, dedicada a defender los derechos de los medellinenses.
En 1996, con un alto índice de criminalidad y dominada por el narcotráfico, pandillas delincuenciales y grupos ilegales, Medellín era considerada una de las urbes más violentas del mundo, y las autoridades se mostraban incapaces de alejar a los niños y jóvenes de la espiral de violencia.
Ese año se creó, por acuerdo municipal, el programa Red de Escuelas de Música de Medellín, para “brindar oportunidades y espacios para que los chicos encuentren un camino, construyan un proyecto de vida y arrebatárselos a la violencia”, explica a Noticias Aliadas la ministra de Cultura Paula Moreno.
“Llegamos a los barrios, en casas alquiladas en su propio entorno, a incentivar a los chicos a que desarrollaran sus habilidades musicales. Unos llegaron por curiosidad y otros obligados por sus padres”, recuerda Juan Carlos Valencia, coordinador de la Red. “Los niños y jóvenes que vienen a nuestras escuelas son chicos que están en un proceso de formación en el que muchas veces el medio, el entorno, les va a ofrecer muchas alternativas: unas no sanas y otras que pueden ser muy sanas, como la nuestra. La responsabilidad ciudadana es lo que mejor se construye en este programa”.
“El programa es incluyente y recibe a todos los chicos de la ciudad, en su mayoría de estratos 1, 2 y 3 de edades entre 7 y 24 años. En las escuelas de música damos al año aproximadamente 55,000 horas de clase de instrumentos de cuerda frotada y escuelas de viento”, dice Valencia, añadiendo que “estas escuelas son de gran importancia en los barrios, porque a un chico le genera: amistades, trabajo en equipo, vinculación de lo colectivo, y responsabilidad a través del instrumento que les provee la escuela”.
Valencia informa que la Red tiene 4,621 chicos matriculados en el 2010, y de estos 1,100 están en la fase final de Agrupación de Proyección y Fortalecimiento que conforman orquestas, bandas sinfónicas, orquestas intermedias, escuelas de jazz y coros infantil y juvenil.
Trabajo con población vulnerable
Una labor similar cumple la gubernamental Fundación Nacional Batuta —dedicada a impulsar el disfrute, la práctica y la enseñanza de la música en el país—, que, en unión con la Alcaldía de Medellín, desarrolla sus programas con población en situación de desplazamiento y vulnerabilidad.
“Trabajamos con unos 4,000 niños y jóvenes en cuatro niveles de educación musical: batubebes (para niños de 2 a 5 años) , transición (hasta los 7 años) preorquesta y orquesta”, explica Paulo César Parra, coordinador musical de la Fundación en Medellín.
“Los chicos se sienten mejores personas. La población desplazada, al tener estos espacios, está adquiriendo mejor calidad de vida. La música les permite salir de tanta violencia que han visto y han acogido en su corta vida”, asegura Parra.
Complementando la educación musical de la Red y Batuta, se encuentra el proyecto municipal Altavoz, que promueve grupos musicales juveniles, y que hasta el año 2007 tuvo —aparte de la gestión musical que es la única que perdura— convocatorias a eventos de literatura, fotografía y teatro, como formas culturales de alejar y rescatar jóvenes de acciones violentas.
“Altavoz es la convocatoria a la participación de bandas juveniles y chicos en general en el escenario musical, a través de una serie de conciertos que culminan en el Gran Concierto Internacional que realizamos anualmente”, dice Jaime Restrepo, coordinador de Políticas de Juventud de la Alcaldía de Medellín.
“Trabajamos con unas 280 bandas musicales de rock, metal, punk, reggae, ska y hip hop, en un proceso de formación y en otras estrategias como mercadeo, en la elaboración de brochures, en la construcción de un demo y en el acceso a un mercado cultural”, asegura, añadiendo que “desde el 2004 hemos contado con la participación de 1,100 a 1,200 jóvenes en los conciertos clasificatorios que se dan a lo largo de dos meses y el final que dura tres días”.
El experto dice que “el festival no solamente respalda las bandas, sino que también se encarga de hacer una difusión de una propuesta a la convivencia y reconocimiento a la diferencia y a la diversidad musical”.
El arte contra la violencia
“Hace cuatro años mi padre me llevó como castigo a una escuela de la Red”, cuenta Moisés Mendoza, de 16 años, a quien encontramos en un taller de lutería (construcción de instrumentos de cuerda) desarrollado en el marco del Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura, que se realizó en Medellín del 1 al 4 de julio.
“Me gustó el violín, luego pasé al violonchelo y hace un año volví al violín”, añade este joven, quien admite que “si no fuera por la Red nunca hubiera tocado. Mis padres nunca hubieran podido comprarme un instrumento ni costearme las clases”. Dice que su sueño es ejecutar un violín “hecho con mis propias manos”.
“Un niño que ingresa a la música difícilmente se meterá en problemas y ayudará a su familia a ver la vida de otra manera. Estamos convencidos de que los chicos que ya han hecho parte de los procesos musicales y han permanecido en la formación artística, siguen desarrollando formación artística y eso los mantiene fuera del conflicto”, manifiesta Restrepo. “Hace tres años en la Alcaldía logramos medir que desde 1997 al 2007 —es decir, durante los años que llevan estos procesos— se había logrado disminuir en un 30% la incorporación de niños y jóvenes a bandas delincuenciales o grupos ilegales armados. Quizá 30% es poco en cifras, pero en zonas y situaciones tan complejas es un gran avance”.
“Estos programas serán para muchos un inicio en su proyecto de vida, para muchos otros será algo más que les ayudó a formarse en un buen criterio, con tolerancia, con responsabilidad, con compromiso, para que sean mejores seres humanos”, concluye. —Noticias Aliadas.