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BRASIL
“El gobierno de Lula no ha cambiando los fundamentos de Brasil”
Paolo Moiola
31/10/2008
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Entrevista con Frei Betto, teólogo y escritor brasileño

El famoso programa “Hambre Cero” del gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva se ha transformado en un proyecto asistencialista (Bolsa Familia) y recolector de votos. Debió haber sido mucho más: un programa emancipador. Aparte de esto, los problemas estructurales de Brasil están todavía irresueltos todos: la reforma agraria y los campesinos sin tierra, la corrupción del poder, las increíbles desigualdades. ¿Todo está mal, entonces? No, porque siempre es mejor “una América Latina con Lula que sin él”.  Así señala  Frei Betto, teólogo y escritor de clara y merecida fama, en entrevista concedida a Paolo Moiola, colaborador de NOTICIAS ALIADAS. A continuación la primera parte de esta entrevista.

¿Por qué ha terminado su colaboración con el gobierno de su amigo Lula y sobre todo, ¿lo ha dejado desilusionado en estos años de presidencia?
Antes de comenzar, aclaremos un punto de partida: tanto Brasil como América Latina están —hoy— mejor con Lula que sin Lula.

Dicho esto, ¿qué cosa no ha compartido de las opciones políticas aplicadas por el ex obrero metalúrgico y sindicalista convertido en presidente?
La estatura política de Lula ha sido construida a través de un movimiento popular. Una vez llegado al poder cometió el error de apoyarse en una sola pierna, la del Congreso, olvidándose de la de los movimientos sociales.

Era el único presidente en la historia de Brasil en tener la posibilidad de gobernar sobre dos piernas. En vez de ello, no ha mantenido los vínculos con los movimientos. Lula ha preferido un contacto directo con los pobres sin la mediación de los movimientos populares. Esto, en mi opinión, es grave. Ahora Lula tiene el apoyo de los más pobres y de los más ricos. Los pobres porque hoy tienen mejores condiciones de vida, los ricos porque hoy se han vuelto más ricos todavía.
Todos los demás que están en el medio son —en vez de ello— partidarios críticos de Lula.

El movimiento de los campesinos sin tierra había puesto muchas esperanzas en Lula. Pero ha resultado desilusionado: el latifundio continúa imperando y la reforma agraria no se ve…
Es verdad. Estoy convencido de que el futuro capitalista de Brasil no existe si no hay una reforma agraria. Lo que es más, esta es una propuesta histórica del partido de Lula, pero no hay ninguna señal de que se hará. Junto con Argentina, Brasil es el único país americano que no ha hecho nunca una reforma agraria. Y sin embargo, Brasil es el país con más tierras cultivables en las tres Américas. Sin contar la Amazonia, que no es cultivable, pero que es riquísima en recursos y sobre todo reguladora del clima desde la Florida hasta la Patagonia.
 
Lula y Brasil se han lanzado al negocio de los llamados “biocombustibles”, para la producción de etanol a partir de caña de azúcar. Usted ha sido durísimo al respecto…
¿Dejar de hambre a las personas para alimentar los automóviles? ¡Absurdo! No se debería hablar de biocombustibles, sino de necrocombustibles. En griego, “bio” significa “vida”, mientras que “necro” significa “muerte”. Éste, en mi opinión, es el término correcto para estos productos.
 
Usted participó en la concepción y —del 2003 al 2004— en la primera aplicación del programa Hambre Cero. Después se marchó, casi dando un portazo…
Fundamentalmente el programa Hambre Cero estaba constituido por 60 políticas públicas para beneficiar a 11 millones de familias, 44 millones de personas, muy pobres, miserables. En un año y medio estas personas habrían debido ser capaces de abandonar el programa y seguir adelante con sus propias fuerzas. En resumen, se trataba de un programa emancipador. En el 2003 anduvo muy bien y yo estaba muy entusiasmado. En el 2004 Lula despidió al ministro y nombró a otro. Cambió radicalmente el programa: hay familias ingresadas en el 2003 que todavía siguen dentro; de las 60 políticas públicas sólo queda una —la Bolsa Familia—, la cual prevé la distribución de una suma de dinero a cada familia todos los meses.

¿Por qué cambiaron? Porque descubrieron que el programa era una fuente fantástica de votos. Toda familia que recibe estos subsidios vota por Lula y por los suyos. Sobre todo en el Nordeste.

Al inicio había un comité de garantías de la sociedad civil, que decidía qué familias entraban y salían. Lo han reconfigurado sustituyéndolo con alcaldes y burócratas, incluso sabiendo del altísimo grado de corrupción de éstos: de hecho, comenzaron a entrar como beneficiarios parientes, sobrinos, etcétera.

En suma, el programa cambió completamente respecto a los inicios y yo no estuve de acuerdo. Por lo tanto, me salí. Le dije a Lula que no quería continuar con el programa. Era diciembre del 2004 y todavía no se sabía de graves casos de corrupción.
 
¿Cuáles son las cosas significativas hechas por Lula y su gobierno?
El gobierno de Lula ha obtenido cosas importantes. Por ejemplo, la estabilidad económica del país, en primer lugar con la inflación estable entre 3 y 5%. Ahora la gente puede preparar mejor los propios balances familiares. Segundo, el salario mínimo. En tiempos de [el presidente Fernando Henrique] Cardoso [1995-2002] era un sueño que superase los US$100, y hoy pasa los $300.

Hay “Luces para todos”: con este programa la energía eléctrica llega a todos los rincones y la gente puede comprarse su refrigerador y su televisor. No hay represión a los movimientos populares, no obstante los gritos de protesta de los ricos y de los medios de comunicación. Para el gobierno no están bien las manifestaciones de los [campesinos] sin tierra, pero no hay represión.

Algo más: ya no hay privatización del patrimonio público y de la hacienda pública. Además, Lula ha abierto Brasil a las relaciones internacionales. Ha sido el primer presidente brasileño en entrar al mundo árabe, antes reservado a EEUU.
En suma, hay cosas extremadamente positivas. El problema es que el gobierno de Lula no ha cambiando los fundamentos de Brasil, como la estructura agraria. ¿Qué sucederá cuando en el gobierno no estén más estas personas?

En el 2010 termina el mandato de Lula. Siendo el segundo consecutivo, no podrá presentarse a un tercer periodo. ¿Es optimista sobre la sucesión?
No realmente. Porque el partido de Lula se ha movido confusamente. Había dos candidatos para la sucesión de Lula pero ahora no queda ninguno de los dos. Son sospechosos de faltas a la ética y ahora están fuera de juego. Así, Lula no sabe a quién apuntar. Lo de transferir los votos a un sucesor propio designado no es una cosa automática: tiene que tener un mínimo de carisma y simpatía.

Había apuntado a Dilma Rousseff, ministra de la Casa Civil, en importancia el segundo cargo del Estado. Pero la señora carece de carisma y luego ha sido involucrada en el escándalo de las tarjetas de crédito de los políticos.

La ley no permite que un candidato sea electo por tres veces consecutivas, pero en el 2014 Lula puede regresar y, si las cosas siguen así, estoy seguro de que esto sucederá. Sería el primer brasileño en ser electo presidente de la República tres veces.
 
En enero del 2009 la ciudad de Belém será anfitriona del Foro Social Mundial. ¿Qué piensa sobre esto?
Pienso que tendrá mucho impacto porque se realizará en la Amazonia. Aquí un territorio equivalente a 22 veces el de Bélgica ha sido deforestado. Y no hay límites a este desastre: el gobierno de Lula ha sido incapaz de defender la Amazonia. No se pide un santuario ecológico cerrado al mundo, sino al menos un desarrollo sostenible.

Ahora el gobierno tiene un plan con carreteras para construir o pavimentar las que existen. Pero esto favorecerá a los latifundistas, a los buscadores de piedras preciosas, a los explotadores clandestinos de las riquezas del subsuelo y los bosques.

En la Amazonia, un metro cúbico de madera preciosa vale 10 euros, mientras que en el puerto de Génova vale 3,000 euros. Mejor que el comercio de la cocaína, cuya proporción es muy inferior, ¡más o menos 100 a 1,000! —Noticias Aliadas.

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Frei Betto
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